Fernando Cabrera, íntimo y magnético

21/11/2015 - Fernando Marinelli
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Fernando Cabrera - 6/11/2015
Sala Caras y Caretas, Buenos Aires
En otras de sus frecuentes visitas a la Argentina, el personalísimo cantautor uruguayo Fernando Cabrera pasó por Buenos Aires y, antes de seguir rumbo a la ciudad de La Plata, dejó el aire cargado de poesía.
fernando cabrera

En esa especie de autorretrato pintado con la mirada de los demás que es su canción Críticas, el cantautor uruguayo Fernando Cabrera se describe a sí mismo de esta forma: (…) Tengo la mirada absorta/ En mi interior/ Tengo un corazón apenas/ Siempre me tragué las penas/ Y lo peor/ Tengo muy pocos amigos/ Que de nada soy testigo/ Oigo decir/ Mis canciones son cerradas/ Mis pasiones son erradas (…)/ No me sobra simpatía/ Ni me falta melancolía/ Que canto mal/ Voy ajeno por ahí/ Sin patrimonio sin heridas/ Elemental… Y lo cierto es que esa autodefinición resulta bastante certera, al menos para quien lo escuche por primera vez. El uruguayo canta discretamente, no es un eximio guitarrista y sus canciones se salen de lo común. No obstante, se ha convertido en un referente ineludible para las nuevas generaciones de cancionistas rioplatenses.

Tal vez este fenómeno –como todo hecho artístico– no tenga una explicación racional, pero si la tuviera, podríamos hurgar en un par de pistas. Primero, en el hecho de que sus composiciones se transforman en verdaderas gemas en la voz de otros intérpretes. Segundo, en lo que Cabrera es capaz de transmitir en sus actuaciones en directo: logra cautivar al público con su personalidad y, aún con una instrumentación despojada, ejerce un efecto casi hipnótico sobre la audiencia, llevándola a focalizar su atención en las letras de sus temas. Así lo demostró, al menos, en su reciente actuación en una flamante sala de Buenos Aires, una de las ciudades de la Argentina que suele visitar con frecuencia. Y es que el multifacético montevideano es ­–además de cantor, guitarrista, compositor, arreglista y productor– un poeta más que interesante, como puede comprobarse en su muy recomendable obra Intro, un libro de 65 poemas más las letras del DVD que lo acompaña, que registra una actuación suya en los legendarios estudios ION de la capital argentina. En esas letras, Cabrera se permite transgredir las estructuras tradicionales de la canción (muchas de ellas, por ejemplo, carecen de estribillo) y, manejándose con un concepto de haiku, las convierte en verdaderas instantáneas que capturan una emoción determinada en un momento determinado. No hay en ellas mensaje ni moraleja, sólo poesía en estado puro. El suyo es un trabajo de orfebrería que viene perfeccionando desde que escribió su primera canción, a los 13 años. Y a esta altura ya debe haber superado las trescientas.
Una veintena de ellas fue las que eligió para hacer un repaso –necesariamente acotado– de su trayectoria en la sala Caras y Caretas. Arrancó desde sus lejanos comienzos a fines de los ´70 y principios de los ´80, tiempos en que integraba el trío MonTRESvideo, con Vidalita fea, la emotiva María Elena (dedicada a su abuela), Agua y Una hermana muy hermosa, compuesta en épocas de dictadura, con un título que remite a Atahualpa Yupanqui, pero con una letra aggiornada; para rememorar luego su paso por el grupo Baldío, con Llanto de mujer. Épocas en las que aún Liliana Herrero no lo había hecho conocer en la Argentina grabando varias de sus composiciones. Cabrera tuvo también un recuerdo para dos compañeros de ruta y amigos, que ejercieron una gran influencia en su música: el poeta Eduardo Darnauchans y el inclasificable Eduardo Mateo.

En la música de Fernando Cabrera conviven, sutilmente disimulados, aires de toda la música que suena en esa geografía que comprende el Uruguay, las provincias limítrofes de la Argentina y el sur gaúcho de Brasil: vidalitas, milongas, candombe y hasta la inevitable influencia generacional de The Beatles. Estilos que se expresan a través de ese vozarrón grave y melancólico tan característico de los cantores uruguayos, desde Alfredo Zitarrosa en adelante, que se pudo apreciar claramente en su interpretación a capella de Viveza, un aire de samba brasileño en el que sólo se acompañó con una caja de fósforos como instrumento de percusión.

Intercalados en esa veintena de canciones llegaron, a su turno, sus mayores éxitos de esta orilla del Río de la Plata: la conmovedora Te abracé en la noche y La casa de al lado, ambas popularizadas en la Argentina por Liliana Herrero. De la primera hay también, entre otras, una muy buena versión de Sandra Rehder con su Proyecto Afluentes. De la segunda, el autor señaló como su preferida la cantada por Juan Carlos Baglietto. Y ya en la despedida, antes del previsible bis a pedido del público, no faltó otro de sus hits, El tiempo está después.21

Fernando Cabrera se confiesa un amante del silencio. A juzgar por la unción con que lo escuchó la gente esa noche, podemos imaginar que se debe haber ido a dormir muy feliz.

Fotografía: Fernando Cabrera en Caras y Caretas por Fernando Marinelli.

 

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