Teatro Sha. Buenos Aires
La leyenda dice que en Lagoa da Canoa, su recóndito pueblo natal, el pequeño Hermeto debía muchas veces quedarse recluido en casa, ya que al ser albino no podía participar con el resto de la familia en las tareas que se realizaban en el campo, bajo el intenso sol del nordeste brasileño. Fue así que aquel niño empezó a pasar largas horas jugando –y aprendiendo de un modo autodidacta– con los instrumentos que encontraba en la casa: el acordeón de ocho bajos de su padre, la flauta, el tamborín… mientras por la ventana entraban los sonidos de la Naturaleza. Hoy, como quedó claro en este concierto, su jazz continúa alimentándose de ciertos elementos presentes en aquella infancia. El espíritu lúdico, la cercanía con los elementos cotidianos, la improvisación, los colores locales, la presencia de la Naturaleza, la experimentación y –por encima de todo– una plena sensación de libertad son algunos de los ingredientes principales de la “música universal” de este viejo compositor y multiinstruentista que en cada canción se divierte como un niño.
Con ese espíritu alegre que le caracteriza, el brasileño dibujó un concierto festivo, sin grandes innovaciones dentro de lo que son las propuestas habituales de su grupo, en esta última etapa –ya con Eline Morena– caracterizado por una mayor presencia de las improvisaciones vocales. Sobre la densa base rítmica conformada por Itiberé Zwarg (bajo), Marcio Bahía (batería) y Fabio Pascoal (tan juguetón como su padre en la percusión), el septeto crecía con los aportes que hacían André Marques con su piano monkiano, el eficiente Vinicius Dorin (saxos y flautas), la voz de Morena (ocasionalmente a la guitarra de diez cuerdas) y las creativas intervenciones de Hermeto, volcado principalmente al teclado eléctrico pero sin olvidar a la flauta, el acordeón, la voz, los silbatos, sus patitos y cerditos de goma y todo lo que se le pusiera delante (o encima, ya que también le sacó partido a su sombrero golpeándolo rítmicamente contra el micrófono).
Piezas como Ilza Na Feijoada, Viajando Pelo Brasil, Irmãos Latinos y Taynara despertaron el entusiasmo de un público entregado que llenó la sala. Hermeto se sintió en su salsa, y con ese aire tan suyo, mezcla extraña de chamán y duende travieso, tocó, cantó bailó, dirigió las improvisaciones y dejó en claro una vez más que es posible hacer una música de vanguardia escapándole a lo frío y cerebral. Como él mismo se encargó de decir, “música universal quiere decir abrazo, cariño, amor». Y eso fue lo que nos dejó, un cálido abrazo hecho de la mejor música.
Texto y fotos: Sergio Zeni
Hermeto Pascoal e Grupo, “Viajando Pelo Brasil”