El oficio de criticar (10 consejos para los que pontificamos sobre discos ajenos)

05/11/2017 - Ángel Goyanes - Interfolk
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Estimado lector. Mucho hemos escrito los que de críticos musicales nos teníamos, pero tal vez sea necesario haber devastado algunos bosques de coníferas del papel que recoge nuestros dardos, para que tomemos la perspectiva que nos permita analizar nuestro oficio y, por supuesto, hacerle una crítica también.

Como cronista hace-no-mucho-retirado-y-con-alguna-gana-de-volver, el enfrentarse de nuevo a un folio en blanco obliga a revisar ciertas normas y principios a los que no se prestaba mucha atención, bien sea porque nunca se tuvieron en cuenta, o bien porque estaban tan asumidas que formaban parte del propio ADN como crítico musical.

¿Es igual el oficio de crítico musical al del crítico de otras modalidades artísticas? Y dentro de lo musical, ¿es igual el oficio del crítico de música folk, al de otros géneros musicales? Ni idea, aunque tal vez la respuesta la hallaremos al final de este artículo, no porque vaya a desvelar grandes secretos, sino porque –como en tantos otros temas-, la luz sólo llega después de  haber reflexionado sobre los distintos aspectos que van surgiendo.

Una antesala antes de llegar: sé que la mejor forma de enganchar con un texto en internet  es abonarse a esa tendencia de “10 cosas que deberías saber para…” o “Los 5 errores más frecuentes de…”, goloso reclamo de una lectura fácil, concisa y divertida. No lo iba a hacer, para garantizarme que el lector que hubiese llegado hasta este punto me prestase la atención debida a lo que cuente, y sobre todo, que estuviese provisto de ese sentido del humor imprescindible entre la gente medianamente seria. Pero al final no he podido resistir la tentación… y los anfitriones de esta hojilla así me lo sugieren, así que vamos a hacerlo así.

Muchos son los aspectos objeto de una crítica musical, si bien y a la postre los acabamos reduciendo a tres: el disco, el concierto y la entrevista o reportaje del grupo. Lo recogido en este artículo se centra sobre todo en los discos, si bien habrá cuestiones que se pueden extrapolar a los otros aspectos. Iremos encajando…

1.- No me cuentes lo que ya sé.

Asombran (y a veces sonrojan) supuestas críticas musicales en las que se realiza una descripción superficial sobre el grupo, los instrumentos que tocan, los apellidos del bajista o el lugar de grabación, por poner algunos ejemplos. No dudamos que en ciertos casos sean datos sumamente relevantes -sobre todo si el bajista se apellidase Pastorius-, pero en general es una información que seguramente venga en el cuadernillo del CD, y creemos firmemente en que los aficionados a estas músicas ya saben leer.

Como dijo un veterano músico bien conocido en el mundillo, “los músicos no somos los importantes, lo importante es la música que hacemos”. Así que si el redactor de turno está sin ideas, debemos aconsejarle que estudie y, sobre todo, que intente crear algo nuevo apoyado exclusivamente en lo que escuche, en la música.

PERRO

El intérprete no siempre es lo más importante

2.- Cuéntame algo que no sepa.

Imaginemos esta situación: hay un grupo de amigos en un bar y uno de ellos trae un nuevo disco en la mano anunciando que lo acaba de adquirir y que ya lo ha escuchado. Los demás le preguntan interesados su opinión, y éste, en lugar de responder, abre el estuche, saca el cuadernillo y se pone a leerlo de corrido…

Si esto nos puede parecer surrealista en la vida real, no debería ser muy distinto en un medio de comunicación escrito. En la situación actual, tal y como hemos comentado antes, disponemos de infinitas fuentes de información para recibir todo aquello que el artista ya se ha molestado en divulgar. ¿Para qué acudimos a un medio especializado entonces, como este Diariofolk que estás leyendo ahora mismo? La respuesta deberíamos tenerla todos clara: para buscar algo más, otra opinión, buena  o mala, que nos oriente algo más antes de entrar a la escucha.

3.- Incluso lo que el músico no sabe.

Es gratificante recibir comentarios de los músicos cuyo trabajo hemos analizado, y que se sorprenden por haber descubierto en nuestros comentarios cosas de las que ellos mismos no se habían percatado en su trabajo. En la música hay notas, instrumentos y melodías, pero también puede haber letras, hay imágenes, fotos, presencias escénicas, y el disco lleva un diseño, un envoltorio más o menos (o nada) cuidado… y todo ello forma parte de una propuesta artística integral que se somete a la consideración. ¿Por qué dejar fuera de una crítica algunos de todos estos elementos al hablar de un disco, de un concierto o de un grupo?

MILLIE

Ejemplo de arte en las portadas, antes de la llegada del Photoshop

4.- Primero escucha y luego lee.

Es una práctica que, con poco tiempo que se lleve en este oficio, acaba uno adquiriendo, sobre todo cuando ha de enfrentarse a auténticas pilas de novedades musicales. Hay que dejarse seducir, sorprender, y para ello nada mejor que sacar el disco casi sin mirar de cuál se trata, ponerlo en el reproductor y esperar a la música con la mente lo más en blanco posible y sin esperar nada concreto de lo que se avecina. Nuestras ideas preconcebidas y nuestros prejuicios acuden siempre a condicionarnos, por lo que esta sencilla práctica es una herramienta muy  útil para combatirlos.

Tras habernos formado una idea (casi) sin prejuicios, el crítico podrá luego dejarse convencer por los alegatos de las notas de prensa y cuadernillos de los discos, por sus burbujeantes perfiles en las redes sociales y por sus propias ideas preconcebidas sobre tal o cual grupo, pero esa virginal impresión inicial ya quedará ahí impresa…  Aquí hay un aviso importante para los músicos sobre la importancia de los temas escogidos para un disco, el equilibrio interno en el reparto de las piezas que lo integran, los temas con los que empiezan y cierran un disco… somos muchos los que creemos en el disco como una obra integral, y no una simple adición de piezas. Pink Floyd también lo piensa.

5.- Pase y… ¿revele su rollo?

Mejor sólo en las antiguas tiendas de fotografía. Otra situación no muy frecuente, pero sí vista en alguna ocasión, es la del crítico que tiene la necesidad de contarnos una historia o su opinión sobre algún tema concreto, y aprovecha la ocasión/excusa de una crítica musical para contarnos su historia. Uno llega al final buscando de nuevo el título del artículo para ver si por error ha saltado de página o se ha perdido algo en el camino. Seamos justos, en ocasiones son los propios músicos los que dan un buen pie para esto, pero la calidad del trabajo musical y el alto nivel de información y conocimientos del crítico serían esenciales para sacar adelante un artículo interesante sin necesidad de irse por las ramas.

Ojo, esto a veces es bueno, y existen excelentes comentarios musicales que abarcan aspectos directamente relacionados con la obra musical, pues todo artista vive inmerso en un cúmulo de circunstancias (históricas, sociales, territoriales, educativas…) que inevitablemente se verán reflejadas, en mayor o menor medida, en su propia obra.

Como ejemplo de un buen tema traído a colación de un disco, os remitimos al reportaje que sobre el disco Feitizo del grupo Na Lúa, hizo para Interfolk el filósofo César Alonso, con una interesante reflexión antropológica sobre las creencias y supersticiones en la historia del hombre y su reflexión en la música (Ver Interfolk nº 5).

Y no, seguro que no está en internet.

6.- El crítico no es un sabio

Leyendo los comentarios sobre un músico, grupo o disco, en  ocasiones el autor del texto despliega un extenso volumen de información sobre los antecedentes de los músicos, su obra a lo largo de los años y muchos otros datos de contenido detallado. Desde que existe Google el misterio se ha desvelado en parte, pero podemos confesar sin reparos que al disco que le llega al crítico solía acompañar un extenso dossier en papel brillo a una sola cara, más cientos de enlaces y referencias con los que poder documentarse adecuadamente.

Es bueno estar informado, y saber seleccionar cuánta de esta información hay que transmitir. Pero eso solo no basta. En este punto jugaría un papel importante las ganas de trabajar del crítico en cuestión y hasta dónde está dispuesto a llegar, eligiendo entre hacer y transmitir una opinión propia o simplemente repetir ideas que ya han ido expresando otros, e incluso a veces, el propio músico.

7.- ¿Todo está en internet?

Pues no, pero para nada. Lo que sí podremos encontrar en internet es el mismo texto promocional repetido infinitas veces, pues es bien sabido que en la red lo más fácil es reenviar enlaces sin fin de tal forma que hay autores de cientos de páginas que no han puesto una palabra de su cosecha. Lo dice alguien que se ha desesperado buscando alguna información concreta y siempre ha recalado en los mismos textos copypasteados. Pero crítica musical y de calidad, aun habiéndola, lo es en pequeñas cantidades. Ésta cuesta trabajo y dinero, y no nos engañemos, que gratis se da poco en internet (salvo este artículo, que regalo gustoso a mis amigos y lectores de Diariofolk)

8.- Qué buen colega eres…

Los músicos te han invitado al concierto, te han regalado la Edición de Coleccionista de su obra, te han agasajado, abrazado, ofrecido su amistad… y te corresponde hacer una crítica negativa de un disco o un concierto. Esto nos ha pasado a todos y en muchas ocasiones. La solución ante un compromiso suele ser habitualmente el silencio, que a buen entendedor le sobran las palabras. Pero en ocasiones sufrimos las subidas de tono de quienes tras inundarte de material, exigen su “pago” en forma de letras de molde con su nombre escrito. En el caso de Interfolk, en muy escasas ocasiones se ha dado esta situación, pero cuando ha sucedido, el músico se ha encontrado con lo que se estaba buscando…

9.- El crítico fantasma

Es invitado a un festival, trasladado, alojado, alimentado e incluso a veces pagado por su trabajo, y rellena crónicas vacuas sin que los presentes logren haberle visto presenciar el concierto. Es un vicio en desuso, más que nada porque los festivales se van quedando sin medios para estos lujos superficiales. Y digámoslo también, las nuevas generaciones de periodistas voluntariosos han llegado con algo de dignidad. Pero seamos cautos, en cuanto crezca un poco la fama de un crítico, vigílelo de cerca para ver si realmente honra con su presencia el evento a describir. Todavía existen…

10.- Las críticas tienen anisakis.

Sí, como el pescado, por eso es imprescindible tenerlas un mínimo de días en el congelador a cierta temperatura. No vamos a señalar aquí los 18º bajo cero que serían necesarios para los peces, pero sí creemos que  el plazo de dos días que requieren estos animalitos se debería ampliar a al menos una semana en el caso de lo que escribimos.

Llega a ser asombroso lo que cambia nuestro punto de vista sobre un texto propio cuando se adopta la perspectiva del tiempo, por lo que el ejercicio de dejar nuestros textos en la nevera no deja de ser sano y muy recomendable. Sólo tras un periodo de tiempo se puede uno avergonzar de lo que ha escrito (por excesivamente duro, o timorato, o desinformado…), y además, descubrir que repite la palabra “para” siete veces en la misma frase; o que ha escrito cuatro líneas sin un solo signo de puntuación…

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Crítica musical sin congelar, en plena euforia narrativa tras un concierto.

Cerrando con un clásico.

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Con esta foto de Baltasar Gracián, a ver quién pone en duda el valor de este artículo…

Reposan a mi lado los sabios consejos de Baltasar Gracián en su Arte de la prudencia (1647), que mi padre siempre insistía que tuviera a mano desde que comencé con la revista en Interfolk. Él ya no está para poder leer este artículo, aunque sé que me alabaría por ello antes de entrar a diseccionar lo que he escrito, cosa que además disfrutaría haciendo. En previsión de que pudiera llegar a leerlo allá donde esté su alma, me aseguro sus bendiciones con esta referencia al escritor aragonés, uno de sus autores de cabecera.

Y con ello, os regalo un último consejo: para garantizarse el éxito es necesario cerrar siempre bien los artículos, aunque sea con un recuerdo emotivo. Y los clásicos son siempre un valor seguro.

Un saludo y hasta la próxima entrega.

Por Ángel Goyanes (Interfolk)

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