Conversaciones con Gonzalo García Pelayo. Nostalgia del futuro

06/07/2020 - Ferran Riera
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A mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando quien esto firma era adolescente, el hecho de contemplar a Gonzalo García Pelayo presentando un programa musical en Televisión Española representaba algo parecido a encontrar un oasis en medio del desierto cultural del tardofranquismo. Aquel personaje, con su peculiar acento andaluz y su melena, aportaba importantes elementos de ruptura en un medio de comunicación tan monolítico como aquel.
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Con el tiempo fui conociendo más detalles de la sorprendente vida de este periodista, productor discográfico y cineasta que acabó metiéndose en el mundo del juego. Su paso por diversas publicaciones y emisoras fue decisivo para contribuir a dignificar una profesión que apenas tenía la condición de especialidad periodística. Luego, su labor al frente del sello Gong fue una de las aportaciones más importantes que ha vivido este país para el descubrimiento y la confirmación de decenas de artistas, empezando con el rock andaluz de Triana y continuando con decenas de cantautores.

Por eso, la aparición de un libro de conversaciones con quien llegó a ser para mí una especie de maestro a seguir llamó enseguida mi atención. Pero cuál no fue mi desesperación y frustración al averiguar que tras ese aura de leyenda se escondía un individuo de la más anodino y ególatra, maniqueo y presuntuoso, que rinde culto a las empresas discográficas, a los productores y a los mánagers y reniega de la mayoría de los artistas y, sobre todo, de la crítica musical; que se postra ante el mercado y el liberalismo y condena el marxismo, del que él mismo fue militante, enviando al infierno a gente tan respetable como Sílvio Rodríguez o Quilapayún; que se reclama anarquista de salón por el simple hecho de denunciar las injerencias del estado en la economía; que se manifiesta proclive en el sentido artístico a abusar de la cantidad más que de la calidad; que se reivindica a sí mismo como gran autor cinematográfico cuando mi propio y modesto testimonio certifica todo lo contrario… Y así hasta el final, cuando nos cuenta que se ha deshecho de toda su discoteca y que ha volcado 100.000 canciones en el disco duro de su ordenador, que lo acompaña en sus viajes por el mundo.

Después de tan largo periplo, García Pelayo no salva a casi nadie, excepto a unos pocos privilegiados: entre otros, Bob Dylan, los Beatles -concretamente a Paul McCartney-, Frank Zappa, Pink Floyd, el sevillano Sílvio, Luis Eduardo Aute y José Antonio Labordeta, además de los mencionados Triana, mientras se queja repetidamente de no haber sido nombrado director de una compañía discográfica. Lo de su papel como apoderado de toreros, lo del juego y lo de su interés por los números primos, mejor lo dejamos de lado porque no tiene interés en un medio de comunicación de tipo musical.

Y mientras tanto, Luis Lapuente, autor del libro, se limita a poner en marcha la grabadora y transcribir sus declaraciones, sin interpelarle a fondo ni aprovechar las múltiples contradicciones que van apareciendo a lo largo del relato de su vida para hacerle ver que en el fondo la realidad no es tal como él la pinta.

Lo dicho. Otro supuesto mito que cae. Una pena.

Luis Lapuente
Conversaciones con Gonzalo García Pelayo. Nostalgia del futuro
Efe Eme, 2019

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