
El proyecto parte de la certeza de que se trata de una melodía profundamente compartida, conocida y repetida año tras año durante el ciclo navideño. Esa repetición, explica la artista, es la que construye un vínculo emocional duradero, similar al de los cuentos y canciones que acompañan la infancia y que permanecen en la memoria colectiva.
Durante el proceso creativo, la investigación ha tenido un papel fundamental. La cantante ha trabajado con partituras y documentos localizados en la Fonoteca de música tradicional catalana y en el archivo sonoro del Càntut, materiales que han servido de base para el arreglo vocal. A partir de esos “tesoros” documentales, ha elaborado su propia lectura del villancico, integrando tradición y mirada personal.
El arreglo incorpora, además, coros procedentes de un canto de trabajo portugués, cuya sonoridad encajó de forma natural con la melodía original y aportó nuevas resonancias al conjunto. El trabajo de cuerdas, desarrollado en colaboración con el guitarrista Francesc Fornos, refuerza el carácter íntimo de la propuesta, sumando matices de dulzura y recogimiento.
Con esta versión de La pastoreta, la artista propone un ejercicio de escucha pausada y afectiva, una invitación a reconectar con la serenidad, la quietud y el descanso, emociones que, desde la tradición, dialogan aquí con la sensibilidad contemporánea.

