
No es habitual que un disco nazca de una celebración íntima y termine convertido en una propuesta estética con vocación de escena. Ese es, precisamente, el recorrido que ha trazado Castora Herz con Cien años de Castora, un trabajo que toma como punto de partida el centenario de su abuela para construir un artefacto sonoro donde tradición y modernidad dialogan sin jerarquías.
El álbum, gestado íntegramente en Ampudia (Palencia), se sitúa en ese territorio híbrido que algunos han denominado folktrónica, aunque aquí la etiqueta se queda corta. Más que una fusión, lo que propone el músico es una relectura: jotas, seguidillas, cantos de labor o danzas populares reaparecen filtrados por la electrónica, sin perder su carácter pero desplazando su contexto.
En este sentido, Cien años de Castora no mira al pasado con vocación arqueológica, sino que lo reactiva desde el presente. Hay en sus quince piezas una voluntad clara de convertir el repertorio tradicional en material maleable, capaz de integrarse en códigos sonoros actuales sin diluir su identidad.

El disco se apoya, además, en una red de colaboraciones que refuerzan ese cruce de caminos. Desde propuestas vinculadas a la raíz como Delameseta o María Alba, hasta perfiles más abiertos a la experimentación como Cristina Len, Miguel “Sator” Sánchez o Diego Baeza, sin olvidar la aportación poética de María Sotelo. A ellos se suma La Quadrilla, banda que traslada el proyecto al directo.
Con este debut, Castora Herz se suma a una corriente creciente de creadores que entienden la tradición como un lenguaje en movimiento. Cien años de Castora no es solo un primer disco: es una declaración de intenciones sobre cómo habitar el legado cultural desde la contemporaneidad.


