
Rumba argelina
Música sin fin 1993
Radio Tarifa logró con Rumba Argelina (1993) algo que pocos grupos consiguen: sonar a eternidad. Su propuesta no difuminaba fronteras; las dinamitaba. La confluencia de tres talentos distintos —Faín Sánchez Dueñas, Vincent Molino y Benjamín Escoriza— cristalizó en una música que parecía brotar de un espacio sin tiempo, donde lo medieval, lo árabe y lo flamenco convivían con naturalidad, como si siempre hubieran pertenecido al mismo territorio sonoro. Desde los primeros compases de Rumba Argelina, Oye China o Lamma Bada, la voz rasposa y melismática de Escoriza atrapa y sostiene al oyente en un viaje que parece trascender cualquier límite geográfico o temporal.
La propuesta se enriquecía con la participación de una quincena de músicos invitados, que aportaban matices y profundidad al conjunto. Entre ellos destacaban la voz de Javier Ruibal, la guitarra de Gerardo Núñez, los instrumentos de viento de Javier Paxariño, la percusión de Sebastián Rubio y la colaboración de Wafir Shaik el Din, Ramiro Amusategui, Marcial Moreiras y Eduardo Laguillo. Cada uno de ellos añadía un color propio al entramado musical, haciendo que cada tema fuera un microcosmos donde tradición y experimentación se entrelazan con absoluta naturalidad.
El álbum no es solo una colección de canciones, sino una arquitectura sonora concebida con sensibilidad y espontaneidad. Las cuerdas atípicas —buzuki, cumbus, guimbri— y los vientos diversos, combinados con percusiones y arreglos de Dueñas y Molino, crean un tejido musical en el que cada hilo importa, pero todos forman un todo coherente y fluido. La visión del productor original, Juan Alberto Arteche, supo captar esa esencia y encontrar el acomodo perfecto para este proyecto que hoy sigue sorprendiendo por su audacia y fuerza expresiva.
Escuchar Rumba Argelina es emprender un viaje por el Estrecho de Gibraltar, por el Mediterráneo y por la memoria compartida de culturas que se encuentran y se influyen mutuamente. Es un testimonio de la valentía de quienes, con intuición y respeto, se atreven a explorar sin prejuicios. La fugacidad de algunas vidas vinculadas al proyecto —como la de Escoriza, que nos dejó en 2012— convierte la escucha en un recordatorio simultáneo de lo efímero y lo eterno. Este disco sigue emocionando y dejando claro por qué Radio Tarifa supo construir un sonido que trasciende generaciones y fronteras.

