Jardines de Los Zuloaga, San Juan de los caballeros, Segovia

Hay conciertos que permanecen para siempre en la memoria por la emoción compartida. La inauguración de la 42ª edición de Folk Segovia, celebrada este jueves 2 de julio en los Jardines de Los Zuloaga, perteneció sin duda a esta categoría. Más que un concierto, fue el abrazo colectivo de toda una comunidad musical a la memoria de Luis Martín, fundador del festival y director durante tres décadas, además de miembro fundador del Nuevo Mester de Juglaría, cuya figura continúa siendo imprescindible para entender la historia del folk castellano y español. Su legado como investigador, músico y gestor cultural convirtió a Folk Segovia en una referencia internacional de la música de raíz.
El incomparable escenario de los Jardines de Los Zuloaga, junto a la iglesia de San Juan de los Caballeros, presentó un aspecto pocas veces visto. El cartel de «entradas agotadas» se quedó pequeño ante la sensación de que nadie quería faltar a una cita que trascendía lo musical. Amigos, compañeros de escenario, familiares, aficionados y buena parte de la gran familia del folk español llenaron el recinto para rendir homenaje a quien dedicó buena parte de su vida a hacer crecer este festival.
La actual directora del certamen, Cristina Ortiz, abrió el acto agradeciendo la multitudinaria respuesta del público y recordando que esta inauguración era, sobre todo, un acto de gratitud hacia quien hizo posible que Folk Segovia alcanzara el prestigio del que hoy disfruta.
La conducción del homenaje corrió a cargo del periodista Pedro Piqueras, que sorprendió al público recordando una faceta poco conocida de su juventud como integrante del grupo folk Carcoma en los años 70 e incluso confesando que estuvo muy cerca de formar parte del Nuevo Mester de Juglaría. Su cercanía y sensibilidad marcaron el tono de una velada en la que los recuerdos se mezclaron continuamente con la música.
Sobre el escenario fueron sucediéndose amigos y compañeros de camino. Ismael Peña y José Ramón Pardo aportaron palabras cargadas de afecto y reconocimiento hacia una figura cuya influencia desbordó ampliamente el ámbito castellano.
La música fue, naturalmente, la gran protagonista. Las Colmenas, llegadas desde Guadalajara; Free Folk, unidos al Mester por estrechos vínculos familiares; Andaraje, veteranos amigos del festival llegados desde Jódar; el grupo de danzas La Esteva y la Ronda Segoviana ofrecieron dos interpretaciones cada uno, convertidas en pequeños homenajes musicales donde cada canción parecía contener un recuerdo, una anécdota o un agradecimiento.
Pero si todas las actuaciones emocionaron, el momento culminante llegó con la aparición del Nuevo Mester de Juglaría. Era inevitable. Sobre ese escenario faltaba una voz que durante más de medio siglo había sido inseparable del grupo y esa ausencia terminó convirtiéndose en una presencia constante. Los componentes del Mester apenas pudieron ocultar la emoción mientras interpretaban un repertorio más amplio que el del resto de participantes. No hizo falta verbalizar demasiado: bastaban las miradas entre ellos, las pausas y la respuesta del público para comprender que Luis seguía estando allí, en cada canción, en cada aplauso y en cada verso.
El público respondió con tanto respeto como entusiasmo. Entre los asistentes podían verse numerosos músicos y representantes del folk español, como Eliseo Parra, Jaime Lafuente, Esther Sánchez, Olga Orús, Salvador Cored, José María Sánchez, Ángel Lévid, Manuel Luna o el propio Ismael Peña, además de periodistas, representantes institucionales y multitud de amigos que quisieron acompañar a la familia de Luis Martín en una noche irrepetible.
Lejos de convertirse en un acto triste, el homenaje reflejó exactamente la personalidad de Luis Martín. Hubo emoción, sí, pero también sonrisas, complicidad y muchas canciones. Porque si algo enseñó durante toda su vida fue que la tradición está viva mientras siga siendo compartida.
Así comenzó Folk Segovia 2026: mirando hacia quien construyó buena parte de su historia, pero también demostrando que el mejor homenaje posible consiste en seguir haciendo sonar la música. Y anoche, bajo el cielo de Segovia, esa música sonó más viva que nunca.
Fotografías: Carlos Monje










