
Preludes and Songs
ECM 2025
Preludes and Songs marca el reencuentro discográfico —tras casi tres décadas— entre dos figuras esenciales de la música improvisada francesa: el pianista François Couturier y el violinista Dominique Pifarély. Desde aquel lejano Poros de 1997, ambos han compartido caminos y experiencias, pero este álbum no busca la nostalgia, sino la renovación de un diálogo que ahora se reinventa desde el presente.
La propuesta se construye en un espacio de recogimiento sonoro donde reina la contención, la escucha atenta y la alquimia de dos voces que se entrelazan con una naturalidad asombrosa. El repertorio combina composiciones propias con lecturas personales de clásicos del jazz y la chanson. Así, junto a piezas originales como Les ombres I y Vague de Pifarély, o Le surcroît y What Us de Couturier, aparecen versiones profundamente transformadas de Lament de J.J. Johnson, Solitude de Duke Ellington, I Loves You Porgy de George Gershwin, A Nightingale Sang in Berkeley Square y la emotiva La chanson des vieux amants de Jacques Brel.
Cada interpretación es un microcosmos que bascula entre la abstracción y la melodía, entre el lirismo íntimo y la tensión latente. En A Nightingale Sang in Berkeley Square / Les ombres II, por ejemplo, el dúo teje un diálogo en forma de díptico que transita de lo evocador a lo introspectivo, con un violín que bordea lo folk y un piano que oscila entre la improvisación lírica y la escritura implícita.
La complicidad entre ambos alcanza momentos de altísima poesía sonora en temas como Song for Harrison, un homenaje inesperado al perro de Couturier, que desemboca con delicadeza en Solitude. O en el cierre del disco, una versión de I Loves You Porgy que resume con serenidad y belleza el espíritu del álbum: la búsqueda de una expresión honesta, sin grandilocuencias ni artificios, donde cada nota parece estar meditada hasta su último aliento.
Preludes and Songs no es un disco para quienes buscan vértigo o virtuosismo desbordado. Es, en cambio, un refugio de escucha, un espacio de contemplación en el que el silencio es tan importante como el sonido. Un trabajo elegante y sereno, lleno de matices, que invita a detenerse y respirar con profundidad.

