
Antología imaginaria
Segell Microscopi 2026
Hay discos que buscan recrear el pasado y otros que intentan dialogar con él. Antología imaginaria, de Ethnos Atramo, pertenece claramente al segundo grupo. El trabajo de Pepa G. Lillo y Gabriel Navalón no consiste en hacer arqueología musical ni en reproducir de manera académica viejas melodías medievales, sefardíes o andalusíes. Lo que hacen es traerlas al presente y darles una nueva vida sin perder su esencia.
El disco es el resultado de muchos años de investigación y se nota desde la primera escucha. Hay un enorme trabajo detrás, pero lo importante es que nunca suena frío ni erudito. Todo fluye con naturalidad. La voz de Pepa G. Lillo tiene mucha personalidad y consigue moverse con soltura entre diferentes tradiciones y lenguas, mientras que la producción de Gabriel Navalón crea paisajes sonoros muy particulares, donde conviven percusiones tradicionales, sintetizadores, ambientes electrónicos e instrumentos antiguos envueltos en una atmósfera sonora rica, evocadora y contemporanea.
Uno de los grandes aciertos del álbum es precisamente ese equilibrio entre tradición y modernidad. La electrónica no está puesta como un adorno ni como una simple capa estética: forma parte del lenguaje del grupo. En canciones como La muerte y el profeta aparece muy bien esa idea de unir mundos distintos que parecen separadas por siglos pero que terminan encajando con absoluta naturalidad.
También destaca Cantar de mío Tajo, probablemente uno de los temas más personales del disco. Frente al carácter tradicional de muchas de las piezas adaptadas, aquí aparece una composición propia convertida en canto de denuncia sobre el deterioro del río Tajo. La canción conecta muy bien con la idea general del álbum: utilizar formas antiguas para hablar de problemas y emociones actuales.
Entre los momentos más llamativos del trabajo aparece Cantigas de vino y loor, donde el dúo une dos cantigas de Alfonso X el Sabio y dotándolas de un aire de pandeirada gallega sostenido por dos panderetas. El resultado tiene algo festivo y palaciego, alejándose del tono trovadoresco más habitual para convertir la pieza en una celebración llena de ritmo.
Muy diferente, pero igualmente brillante, es Hektacompla, una conocida canción del cancionero sefardí popularizada como Siete modos de guisar las berenjenas. Aquí Ethnos Atramo se mueve con enorme libertad, llevando la pieza hacia terrenos casi rockeros gracias a la presencia de guitarra y bajo eléctrico. El juego vocal de Pepa G. Lillo funciona especialmente bien, y el tema gana frescura con cada estrofa, ya que cada una presenta pequeños cambios melódicos y corales que evitan cualquier sensación de repetición.
Otro de los grandes momentos del álbum es Psicodelia andalusí. Partiendo de una canción tradicional libanesa interpretada a tres voces, la pieza desarrolla una larga sección instrumental central que por momentos recuerda al rock psicodélico de finales de los sesenta y, en otros, al progresivo europeo de los setenta. Es seguramente uno de los cortes donde mejor se aprecia la libertad creativa del dúo y su capacidad para conectar épocas y estilos aparentemente muy lejanos.
Antología imaginaria evita caer en el purismo. Ethnos Atramo entiende la tradición como algo vivo, no como una pieza de museo. Por eso el disco puede pasar de ecos medievales a atmósferas cercanas al folk contemporáneo, el jazz o incluso al rock sin perder coherencia. Todo tiene un mismo hilo emocional.
El álbum posee una unidad poco habitual en trabajos construidos a partir de repertorios tan diversos. Hay músicas sefardíes, andalusíes, centroeuropeas o vinculadas a figuras como Bernart de Ventadorn o Hildegard von Bingen, pero nunca parece una recopilación dispersa. Tiene identidad propia de principio a fin.
En tiempos de canciones rápidas y consumo inmediato, se agradece encontrar un trabajo pensado para escuchar con calma. Antología imaginaria no es un disco de impacto instantáneo, sino uno de esos álbumes que van creciendo poco a poco y que revelan nuevos detalles en cada escucha. Y ahí está seguramente una de sus mayores virtudes.

