
Abla
Karonte 2023
Cinco años después de su debut como líder con Aborigen, Josemi Garzón regresa con Abla, un trabajo que no solo consolida su voz como contrabajista y compositor, sino que amplía con ambición y coherencia ese territorio fronterizo entre el jazz y el flamenco que lleva décadas explorando desde la retaguardia de innumerables proyectos ajenos.
Porque si algo define la trayectoria de Josemi Garzón es precisamente su condición de músico imprescindible en la sombra, presente en grabaciones y giras junto a nombres como Carmen Linares, Enrique Morente o Diego “El Cigala”, entre muchos otros. En Abla, sin embargo, esa experiencia acumulada se transforma en discurso propio: un discurso sereno, profundo, más cercano a la gravedad de la soleá que al brillo inmediato de otros mestizajes más complacientes.
El título, cargado de simbolismo —el nombre de su hija Alba invertido—, funciona también como declaración estética: aquí todo gira en torno a un eje, a una “abla” entendida como centro rítmico y emocional. Y en ese eje, el contrabajo de Josemi Garzón no busca protagonismo gratuito, sino sostener y articular un sonido colectivo de enorme cohesión.
El repertorio revela con claridad esa intención. Conviven revisiones de Playa del Carmen de Paco de Lucía, la sobrecogedora Nana del caballo grande de Federico García Lorca —que alcanza aquí una dimensión casi ritual en la voz de Carmen Linares—, o la sorprendente lectura de Pura imaginación, que transita con naturalidad entre el estándar y el quejío. No menos significativa resulta La pomeña, donde el universo de Cuchi Leguizamón se reinterpreta desde una sensibilidad flamenca que no pierde su raíz latinoamericana.
Pero más allá de las versiones, es en las composiciones propias donde el quinteto despliega toda su personalidad. Baraka crece en intensidad sobre el discurso incisivo del saxo de Román Filiú, mientras Tangos del primo introduce una paleta más eléctrica sin perder el pulso jondo. En Mr. P.G., Josemi Garzón se queda a solas con su instrumento, firmando uno de los momentos más introspectivos del disco.
El apartado vocal merece mención aparte. A la autoridad de Carmen Linares se suma la delicadeza de Lucía Espín y la frescura de Teresa Hernández, configurando un triángulo expresivo que aporta matices muy distintos a cada pasaje. No es un disco de cante al uso, pero cuando la voz aparece, lo hace con un peso específico determinante.
Junto a ellos, el pianista Germán Kucich —argentino de origen, madrileño de adopción— y el baterista Juanma Barroso construyen una base sólida y flexible, capaz de transitar con naturalidad entre los distintos palos y lenguajes. La presencia del cubano Román Filiú añade, además, un acento contemporáneo y abierto que ensancha el horizonte sonoro del conjunto.
Grabado con un aire de inmediatez que remite al directo, Abla suena a grupo, a proyecto madurado sobre los escenarios. No hay artificio ni concesiones: lo que hay es comunicación, escucha y un profundo respeto por dos tradiciones —flamenco y jazz— que aquí dialogan de igual a igual.
En tiempos donde la etiqueta “flamenco-jazz” se ha desgastado por el uso indiscriminado, el trabajo de Josemi Garzón recupera su sentido más noble. Abla no es un cruce de caminos superficial, sino un espacio de encuentro real, donde identidad y búsqueda conviven con naturalidad.
Un disco que debería figurar en la discoteca de cualquier aficionado exigente a estas músicas. Porque aquí hay oficio, riesgo y, sobre todo, verdad.

