El libro de la salsa – César Miguel Rondón

19/02/2018 - Ferran Riera
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El venezolano César Miquel Rondón escribió El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano en 1978. Considerado como la bíblia del género, el volumen fue reditado en 2004 y ahora ha vuelto a vivir una nueva puesta al día.
libro salsa [250]

Y la verdad es que merecía la pena que el ensayo volviera a la actualidad, porque, visto con perspectiva, el fenómeno de la salsa necesitaba y necesita un estudio serio, que profundizara en un estilo que el autor hace nacer en la ciudad de Nueva York, a donde fueron a parar miles de emigrantes de la zona del Caribe, y donde a partir de los años cincuenta fueron haciéndose un nombre practicando las diversas modalidades del jazz latino reconocidos instrumentistas como Chano Pozo, Machito, Mario Bauzá, Chico O’Farril o Tito Puente.

Así, hacia 1971, con la aparición de la compañía discográfica Fania y su escuadra de All Stars -juntos o por separado-, la salsa se consolidaba y vivía su edad de oro, que aproximadamente duraría toda aquella década, desplegando la filosofía y el mestizaje de la calle y el barrio metropolitano donde el desarraigo, la marginación y la violencia formaban parte de la vida cotidiana. El secreto de aquel éxito efñimero no fue demasido complicado: una base instrumental compuesta por las trompetas, los trombones , el piano, el bajo y la guitarra (o el tres), más la resolutva sección percusiva de congas, timbales y bongós, tocando una ensalada de ritmos más bien calientes, que incluía el son, el montuno, el bolero, el mambo, la charanga, la bomba, la plena y la cumbia, como mínimo, en un viaje que tenía en Cuba su epicentro y hacía etapas en Méjico, Puerto Rico, la República Dominicana, Panamá, Venezuela y Colombia.

La lista de nombres que merecen apartados propios en estas páginas son abundantes: además de los veteranos previamente mencionados, Rat Barreto, Justo Betancourt, Rubén Blades, Willie Colón, Joe Cuba, Oscar d’León, Cheo Feliciano, Larry Harlow, Héctor Lavoe, Johnny Pacheco, Eddie Palmieri, Ismael Rivera, Pete Conde Rodríguez, Bobby Valentín, Wifrido Vargas y finalmente su reina Celia Cruz.

A finales de los setenta, la salsa entró en un período de crisis del que no consiguió salir a pesar de algunos meritorios episodios individuales. Como acostumbra a pasar, el afán de lucro de la industria del disco condujo a su progresivo desmantelamiento, hasta llegar a la desaparición de aquel movimiento nacido en el barrio neoyorquino. Por suerte, no obstante, quedaron algunos discos inolvidables que todavia nos hacen bailar. Y por muchos años.

El libro de la salsa – César Miguel Rondón
Turner Libros, 2017

(Esta reseña apareció originalmente en lengua catalana en el número 38 de la revista Caramella.)

El veneçolà César Miguel Rondón va escriure “El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano” al 1978. Considerat com la “bíblia” del gènere, el volum va ser reedidtat al 2004 i ara ha tornat a viure una nova posada al dia. I la veritat es que pagava la pena que aquest llibre tornés a l’actualitat, perquè, vist amb perspectiva, el fenomen de la salsa mereixia i mereix un estudi seriòs, que aprofondís en un estil que el seu autor fa nèixer  a la ciutat de Nova York, on van anar a parar milers d’emigrants de la zona del Carib, i on a partir dels anys cinquanta van fer-se un nom practicant le diverses modalitats del latin-jazz reconeguts instrumentistes com Chano Pozo, Machito, Mario Bauzá, Chico O’Farril o Tito Puente.

Així, cap al 1971, amb l’aparició de la companyia discogràfica Fania i el seu estol d’All Stars -junts i per separat-, la salsa es consolidava i vivia la seva edat d’or, que duraria ben bé tota la década, desplegant la filosofía i el missatge del carrer, del barri metropolità on el desarrelament, la marginació i la violencia formaven part de la vida quotidiana. El secret d’aquell èxit efímer no va ser massa complicat: una base instrumental basada en les trompetes. els trombons, el piano, el baix i la guitarra -o el tres- més la resolutiva secció percussiva de congues, timbals i bongós, i una amanida de ritmes més aviat calents que incloia el son, el montuno, el bolero, el mambo, la charanga, la bomba, la plena i la cúmbia, com a mínim, en un viatge que tenia Cuba com a epicentre i feia etapes  a Mèxic, Puerto Rico, la República Dominicana, Panamà, Veneçola i Colòmbia.

La llista de noms que mereixen apartats propis en aquestes pàgines són abundants: a més dels veterans ja esmentats, Ray Barretto, Justo Betancourt, Rubén Blades, Willie Colón, Joe Cuba, Oscar d’León, Cheo Feliciano, Larry Harlow, Héctor Lavoe, Johnny Pacheco, Eddie Palmieri, Ismael Rivera, Pete “Conde” Rodríguez, Bobby Valentín, Wifrido Vargas i la seva “reina”, Celia Cruz.

A finals dels anys setanta, la salsa va entrar en un període de crisi del que no ha acoseguit sortir malgrat alguns meritoris episodis individuals. Com acostuma a passar, l’afany de lucre de la indústria del disc va conduir al progressiu desmantellament fins arribar a la desaparició d’aquell moviment nascut al barri. Per sort, però, hi van quedar uns quants discos inoblidables que encara ens fan ballar. I per molts anys.

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