Celtic Connections 2017. Folk mundial de ayer, de hoy y de mañana

07/02/2017 - Álvaro Feito
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La Orquestre Baobab de Senegal, Fairport Convention 50 años, The Transports, y los gallegos Anxo Lorenzo, Xabier Díaz y Adufeiras de Salitre... algunos de los triunfadores de un festival gigantesco e invernal, y, sin embargo, intimista y humanamente cálido.
xabier diaz (Copiar)

Xabier Díaz

El festival Celtic Connections, que se viene celebrando en Glasgow, capital de Escocia, desde hace 15 años, llenó de nuevo teatros cerrados, salas de conciertos, pabellones multiusos e incluso recintos tan encantadores como un viejo mercado de frutas reconvertido (Old Fruitmarket) de viejos y nuevos sonidos folk, de aquí y de allá, durante dieciocho días (19 de enero al 5 de febrero de 2017).

200 espectáculos, 20 escenarios diferentes, 2000 músicos. Estas son las frías cifras de un certamen donde todo es calidez ambiental, buen rollo, fraternidad bien entendida, complicidad artística, respeto máximo por el otro y por lo otro. Ejemplo de proyecto a seguir (y a copiar, en muchos aspectos), el principal inventario que se extrae de su enorme despliegue técnico y económico es este: las músicas del mundo unen a las personas, a los pueblos, a las ideologías en su común destino de encuentro cultural y humanista.

Este año, el gigantesco programa del certamen (dirigido ya desde unas cuantas temporadas por Donald Shaw, miembro que fue fundamental del excelente grupo Capercaillie), ha puesto el  acento en la presencia femenina de todas partes del universo mundo. Desde nuestra bien conocida Aziza Brahim, del perseguido pueblo saharaui, y afincada en España y presentando en el Reino Unido su segundo disco, hasta la grandísima folk-singer norteamericana Mary Chapin Carpenter. Pasando por un fenomenal y variado elenco de voces y países: la sufí pakistaní Sanam Marvi, la diva polaca Kayah, o las británica Shirley Collins (con sus 80 años bien cumplidos), “renacida” este año al éxito masivo con su álbum Lodestar (número 1 en la encuesta de críticos especializados de Folk Roots).

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Sharon Sannon

 

Sin olvidar a la genial acordeonista Sharon Shannon, la clasicista Laura Marling (que protagonizó el concierto inaugural del festival, acompañada por la Scottish Symphony Orchestra), el arrebatador sexteto USA, Cherish the Ladies, las “punki folkies” Eliza Carthy, hija de la leyenda inglesa Martin Carthy) y Martha Wainvright o la indudable futura nueva estrella local Siobhan Miller (precioso su nuevo disco, (Strata).

Y aún hubo más representación femenina: la brasileña Carmen Souza (una voz notable y una presencia escénica a seguir), la veterana cantante gaélica Cathy Ann MacPhee, toda una institución; la cellista Natalie Haas, al lado de su inseparable Alasdair Fraser (que bien conocemos en nuestros pagos, por sus numerosos conciertos en España), o, finalmente, la también brasilera Roberta (que cantó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Río, con su show-homenaje a Carmen Miranda).

Por la parte que más nos toca, pequeña pero importante parcela, estuvieron en el Celtic Connections 2017, el gaitero y flautista pontevedrés Anxo Lorenzo, demostrando ser el más preclaro, inspirado y decidido alumno de Carlos Núñez; y el percusionista y vocalista Xabier Díaz (ex Berrogüetto, acompañando al tremendo grupo de voces telúricas y percusiones ancestrales Adufeiras de Salitre), que también incorporan en ocasiones la zanfona (“hurdy gurdy”, dicen por allá arriba), el violín (“fiddle”, ídem) y el acordeón. Dos potentes conciertos, basados en la fuerza de los fuelles soplados y en el “trance” derivado de los pandeiros).

Fairports Cropredy Convention Festival 2016: Fairport Convention backstage prior to the start of the festival on the Thursday night.

Fairport Convention

 

Finalmente, por ir sintetizando, no podemos dejar de mencionar, siquiera, la aparición de los Grandes Veteranos de la presente edición : nada menos que los legendarios e históricos del folk-rock Fairport Convention, en concierto conmemorativo de sus ¡ 50 ! años de existencia, también celebrados con la edición de su disco juguetón de título 50:50 @50, con material grabado en directo o en estudio a partes iguales -de ahí el enrevesado nombrecito-, demostrando que el tiempo no ha pasado (demasiado) por los creadores de Liege and Lief o Full house. Genio y figura para Simon Nicol (voz, guitarra), Dave Pegg (bajo, mandolina), Ric Sanders (violín eléctrico, teclados), Chris Leslie (flauta, armónica, banjo…) y el inolvidable batería que fue también de Fotheringay, Gerry Conway. Muchos recuerdos bonitos vienen a la mente.

En fin, nuestros también habituales irlandeses Altan, con la fabulosa voz de Mairead al frente (han participado en dos ediciones del fronterizo festival Bidasoa Folk, la última de ellas este pasado año), y la joven y ya algo más que prometedora cantante gaélica Julie Fowlis, especialista en formas ancestrales del canto vocal nor-atlántico (“una voz sublime que trasciende el lenguaje y la cultura…tan pura y elemental como las costas de las islas Hébridas”, según uno de los más influyentes diarios ingleses, The Observer).

Anxo Lorenzo

Anxo Lorenzo

Y, bueno, para completar el inventario (seguro que alguien se queda fuera): el combativo y siempre lúcido cantante “protesta” británico Billy Bragg; el ameno y divertido grupo irlandés Dervish; el no menos veterano y pionero de mil batallas, la leyenda del acordeón escocés Phil Cunningham; Shooglenifty, otra banda de las que no te dejan respirar en sus “reels”; el grupo Calexico, procedente de esa línea fronteriza entre California y México que el diablo señor (o lo que sea) Donald Trump quiere sellar y cerrar para mayor deshonra y desgracia de los racistas “rednecks”; el septeto canadiense (de Quebec) Le Vent du Nord, por la mejor senda ya trazada por los inolvidables La Bottine Souriante; el percusionista hindú Trilok Gurtu; y, en fin, La Banda Europa (donde también estuvo presente Xabier Díaz), el mejor antídoto posible en estos momentos del Brexit.

Hemos dejado para el final (“los últimos serán los primeros”) el concierto estrella para quien esto escribe, el más esperado, el más deseado, el más inspirador y, seguramente, el que simboliza mejor el espíritu de nuestros tiempos : la amplia, cambiante, histórica Orchestra Baobab, de Dakar (Senegal). Cuarenta y tres años les contemplan, disoluciones y reapariciones, vicisitudes varias y un mismo espíritu compartido por la música de su cultura wolof (y otras incorporadas, como la cubana), el sentido del espectáculo escénico y la invitación al baile y a la complicidad con los asistentes, en un principio fríos y distantes, más tarde ganados totalmente para la buena causa del goce compartido.

La Baobab ha visitado ya nuestro país en varias ocasiones: Madrid, Barcelona, festival Pirineos Sur, Las Palmas de Gran Canaria. Creo que se están haciendo gestiones para que vuelvan por aquí, ahora que han iniciado una gira mundial para promocionar el que es su último disco, que aparecerá en el mercado a finales del mes de marzo: Hommage a Ndiaye Dieng, “griot”, vocalista y fundador del variable colectivo, que falleció el pasado mes de noviembre.

Orchestre Baobab

Orchestra Baobab

Ritmos arrebatadores, entre el “mbalax” dakariano, el “son” (ellos prefieren llamarlo la “pachanga”) cubano y el “soukous” o rumba congoleña; virtuosos instrumentistas, sean del saxo incendiario de Issa Cissoko, la punzante guitarra eléctrica del togoleño Barthélemy Atissa, el “tama” (“talking drum”) de Assane Tham, la demoledora batería de percusiones de Mountaga Kouyaté, la impecable guitarra rítmica del semi sahariano Lafti Benjeloum, o el juguetón bajo eléctrico de Charlie N’Diaye. Por no hablar de la colección de las grandes e inconfundibles voces del once “futbolero”: Rudy Gomis, nacido en Casamance; Medoune Diallo, Assane Mbuup o el heredero de la saga Dieng, Alpha.

CONCLUSIONES

Como se habrá podido comprobar a lo largo de esta sucinta (sic) crónica, la primera conclusión que se puede extraer del invernal certamen Celtic Connections es que en absoluto de trata de un encuentro exclusivo de músicas o intérpretes célticos, sambenito que se suele colgar en cuanto aparece ese apelativo en la cabecera de este tipo de convocatorias. Sin despreciar lo propio, por supuesto, antes el contrario, amándolo, respetándolo y dándole un espacio y un tratamiento  lógicamente mayoritario, el Connections (como su misma palabra sugiere) está abierto a todo tipo de latitudes y expresiones sonoras, enraizadas, eso sí, con sus propias identidades.

Segunda enseñanza: ¿se puede asistir a todos y cada uno de los conciertos programados? Por supuesto que no. Además de que muchos de ellos se solapan o superponen en los mismos horarios, en distintos “venues” (locales), el macro-festival no te permite estar en todo. Es mejor seleccionar, por supuesto. Sin embargo, en ningún momento, y quizás por esa misma dispersión escénica, nunca ofrece el Celtic Connections una impresión de agobio. Ni tampoco de rutina ni de cansancio, hay demasiadas cosas diferentes.

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Eliza Carthy

¿Se podría hacer en España un festival de estas características y dimensiones? Y, además, ¿en invierno? Lo dudo seriamente. Pero sí se podrían extraer algunas enseñanzas interesantes y aprovechables: seriedad en la organización de los eventos, de cualquier tipo que sean (recitales individuales, certámenes de verano, proyectos colectivos y/o solidarios). Y sobre todo y por encima de todo: respeto y admiración (cuando proceda), por el otro, por el distinto, por el migrante, por el diferente. El Celtic Connections viene logrando todo ello, con gran éxito siempre de público, desde hace casi dos décadas. Chapeau ¡¡¡

P.S. Como no me queda más espacio, ni más tiempo, solo quiero dedicar este reportaje (o lo que sea) a dos presencias que no he mencionado aún. Una, al cantautor norteamericano Tom Paxton, uno de mis “folk singers” favoritos de todos los tiempos, en especial en la década semi-prodigiosa de los años 60 del pasado siglo. No pude !hélas¡, asistir a su recital de Glasgow.

Y, segundo y último, al montaje medio teatral, medio musical, medio poético, narrativo y declamatorio titulado The Transports, basado en la “balada opera” del mismo nombre, creada por Peter Bellamy en los 1970, una historia de deportación, alejamiento y extrañamiento de una joven pareja inglesa a la Australia del siglo XVIII. Tan real entonces como ahora, donde el espíritu de los actuales refugiados “sin papeles” (“NINGÚN HUMANO ES ILEGAL”) sobrevoló en todo momento sobre esta obra tan emocionante, tan auténtica, tan (a pesar de todo) llena de amor y esperanza para un futuro mejor.

 

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  1. jon

    Glasgow – capital de Escocia? Desde cuando?

     
     

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