Blues de la frontera. Anarquía y libertad de los Amador

10/09/2019 - Ferran Riera
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La editorial Efe Eme ha publicado el cuarto volumen de su Colección Elepé, que ha dedicado a uno de los discos más decisivos en el proceso de evolución del flamenco hacia el encuentro con otros estilos musicales, o tal vez habría que decirlo al revés: la progresiva conjunción del rock, el blues, el jazz, el pop, el funk y el reggae con el género jondo. Porque ¿Blues de la frontera (1987), la obra cumbre de Pata Negra, era realmente un disco de flamenco, de blues, de fusión o de qué? Eso es lo que intenta resolver el periodista musical Marcos Gendre en este volumen.
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En su investigación, el autor va a buscar explicaciones en los orígenes de todo y llega a la conclusión que no hay muchas diferencias entre la historia de los negros americanos y su música y la de los gitanos españoles vinculados al flamenco. Luego estudia las influencias que recibieron los hermanos Amador a lo largo de su adolescencia, tanto las más cercanas (Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Lole y Manuel…) como las aparentemente más lejanas, porque la presencia de las bases militares norteamericanas en Andalucía propició su acercamiento a los ritmos anglosajones (de Jimi Hendrix a Miles Davis pasando por BB King). Con este bagaje, a Raimundo y Rafael sólo les faltaba conocer a Kiko Veneno en 1977 para fundar el grupo Veneno y sentar las bases de la renovación del flamenco postfranquista, libre de ataduras y purismos.

Pero fue en 1981 cuando los dos hermanos gitanos fundaron Pata Negra, con sus guitarras de palo que en cualquier momento se convertían en eléctricas, y gracias al apoyo de Nuevos Medios, un sello discográfico tan determinante en los años ochenta para el nacimiento de ese nuevo flamenco, bordaron su obra maestra, Blues de la frontera, un disco del que realmente sólo pudieron disfrutar durante dos años, porque el 1989, tras un concierto en la sala Zeleste de Barcelona, la pareja se separó, tal vez harta de una convivencia tan densa y prolífica que tal vez  había llegado demasiado lejos, aunque las drogas también tuvieron su parte de culpa.

Gendre escruta en toda esa aventura de “anarquía y libertad” recogiendo declaraciones de muchos de los implicados en aquellos episodios que a treinta o cuarenta años de distancia en algunos casos parecen inverosímiles. Por eso, la construcción del libro, en ocasiones, parece alargarse y se hace algo deslavazada y repetitiva, ya que a menudo no existe un hilo conductor que guíe al lector entre tantas y tan diversas exposiciones, entre las que, además, se encuentran a faltar las de los propios protagonistas de la historia, Raimundo y Rafael, ya que cuando aparecen lo hacen a través de entrevistas recogidas en otros medios.

Marcos Gendre
Efe Eme, 2018

 

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