De Nueva York a Madrid: Once canciones para aficionarse al folk por Fernando Martínez

28/07/2012
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Empezaré “Para empezar” con una declaración de intenciones: no es esta una recopilación de once canciones inconexas ordenada de forma geográfica, ni cronológica… pero sí autobiográfica. Es la selección de once canciones que han estado siempre presentes en mi vida, tanto en momentos de alegría como en otros de amargura. Son once como podían haber sido más o menos; lógicamente hay muchas más que me han acompañado a lo largo de los años, pero esta decena más una creo que resume fielmente mi evolución musical. No tienen ningún orden, tan solo he querido situarlas en el lugar físico donde surgieron. Algunos de esos lugares los he visitado, otros no, pero todos han significado algo importante para mí. Este es el viaje de once canciones en nueve ciudades que de momento acaban en el folk, pero que no necesariamente han de quedarse ahí; pueden seguir viajando, por supuesto, e incluso volver. Y a la vez es un viaje preñado de paradojas. Para empezar: De Nueva York a Madrid, dos lugares nada “folk”.
the velvet underground-White LightWhiteNueva York, 1967: The Velvet Underground, White light / White heat, del disco homónimo. Ya lo he dicho: lleno de paradojas. Para un aficionado al folk, nada más contradictorio que este grupo y esta ciudad norteamericana, icono de la urbe, en el momento en que el movimiento hippie eclosionaba en la Costa Oeste. Nada de melodías campestres ni de flower power: sonidos chirriantes, ásperos y duros. Canciones que hablan de drogas (en este caso anfetaminas). Es el segundo disco de la Velvet, un grupo de reducida trayectoria pero de una enorme influencia en muchas generaciones musicales posteriores que llegan a nuestros días, y es el único donde están los cuatro músicos que fueron la espina dorsal de la banda: Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker. Sin Nico. La letra y la música son del primero.
Nueva York, 1970: Lou Reed, Rock’n’roll. Aunque apareció por primera vez en el disco Loaded (el último oficial de la Velvet) es un tema netamente Lou Reed. De la aspereza hiriente y descarnada de los primeros al puro rock and roll de Lou Reed, entonces en el lado salvaje. Un tema guitarrero y garajero que anticipaba sus siguientes discos tras su separación de la banda que le vio nacer. Atrás quedaban las distorsiones y las canciones punzantes, donde se trataba con la misma crudeza el amor que la droga, y comenzaba a destacar la figura del poeta urbano por excelencia. Rock’n’roll es, posiblemente, una canción autobiográfica donde relata sus propias experiencias infantiles.
Nueva York, 1968: Janis Joplin and Big Brother and Holding Company, Summertime. Aunque quizá debía haberlo situado en San Francisco, porque es allí donde la cantante se enroló en las filas de la banda. Una relación que duró apenas un disco, Cheap Thrills, pero que le sirvió para comenzar su carrera y donde había algunas canciones memorables, como esta magnífica versión de la canción de George Gershwin en su voz rasgada y hechizante. Icono hippie, fue ante todo una mujer que buscó radicalmente su libertad individual y creativa. Siempre la recordarán en el hotel Chelsea de Nueva York. Leonard Cohen, el poeta canadiense, ya lo hizo en una canción. Murió dos años después, y entró en el triste Club de los 27.
Los Angeles, 1976: Tom Waits, Tom Traubert’s blues. En realidad podríamos decir que es una versión de una canción australiana, casi un himno, titulada Waltzing Matilda, una historia de vagabundos, entre otros personajes del lumpen a los cuales Waits ha cantado. Aparecía en su disco Small Change. Heredero de los beatnicks, su música bebe del bourbon, el jazz, el blues y el folk. Y su voz aguardentosa, una de las más personales y cautivadoras en el mundo de la música popular, ha cantado a los perros callejeros, a un piano que ha estado bebiendo o ha buscado el corazón de la noche del sábado, entre otras muchas referencias noctámbulas y de perdedores.
Canadá, 1988: Leonard Cohen, Take this waltz. Preciosa recreación de un poema de Federico García Lorca, poeta por el que siente verdadera pasión, “Pequeño vals vienés”, que aparecía en su disco I’m your man. Los bellos coros que adornan su voz grave son memorables. Una canción llena de sensibilidad y dulzura. Se le podría catalogar como cantautor y en su música podemos encontrar ecos de blues, rock, jazz, folk, pero su oficio es el de escribir y su legado el de un poeta.
Nueva Orleans, 1960: Joan Baez, The house of the rising sun. La casa más famosa de Nueva Orleans (que no se sabe cuál es y ni siquiera si fue un prostíbulo) ha sido cantada por muchos artistas, pero destaca (además de la de The Animals) la versión de la cantante neoyorkina, que apareció en su álbum de debut, titulado simplemente Joan Baez. En realidad, una canción tradicional estadounidense que supo adaptar magistralmente con su voz límpida y cristalina. En esta canción se aúnan dos referencias imprescindibles: el folk norteamericano y Nueva Orleans.
Kingston, 1980: Bob Marley & The Wailers, Could you be loved. Un éxito de ventas gracias al que muchos conocimos y nos prendimos del ritmo sincopado del reggae. Se encontraba en su disco Uprising, el último que grabó antes de morir un año después. Un disco lleno de espiritualidad y rastafarianismo. Bob Marley también supo rodearse de grandes voces que le hacían los coros. El trío que le acompañaba se llamaba I Threes, y en él estaban Rita Marley, Judy Mowatt y Marcia Griffiths.
Londres, 1979: Madness, One step beyond. El antecesor del reggae fue el ska, y llegó en una segunda oleada a Londres a mitad de la década de los setenta en plena eclosión de la nueva ola aunque, eso sí, acelerado y no tan cadencioso como fue el sonido genuino jamaicano. Una de las canciones más vibrantes de la época fue este desenfrenado Un paso adelante, que aparecía en el disco del mismo título, en homenaje a uno de los principales músicos de ska en Jamaica, Prince Buster.
Mar del Plata, 1969: Mercedes Sosa, Alfonsina y el mar. Esta dramática canción en la voz de La Negra es un escalofrío. Es el homenaje a la poetisa argentina Alfonsina Storni que compusieron Ariel Ramírez y Félix Luna, y que se publicó por primera vez en el disco de Mercedes Sosa, Mujeres argentinas. No solo fue una cantora comprometida social y políticamente contra la dictadura argentina, también investigó en el folklore de su país. Un ejemplo es esta canción, que relata (supuestamente) el suicidio de Alfonsina Storni adentrándose en el mar. Es una zamba, un ritmo de origen peruano que aún se conserva en el noroeste argentino.
Bretaña, 1972: Gwendal, Irish Jig. Y en esto que llegaron los bardos bretones y en menos de tres minutos los oscuros suburbios de la ciudad se transformaron en verdes campiñas. Tan solo fue una jiga irlandesa aparecida en su primer disco, del mismo título, la que nos abrió a un mundo nuevo de melodías y ritmos, una corriente de aire puro que venía desde el mágico norte. Y el folk nos empapó y se quedó a vivir entre nosotros.
Madrid, 1981: Labanda, Fiesta campestre. Y el jolgorio se trasladó a Madrid. La mezcla de folk, rock y fiesta se llamó, muy acertadamente, rockmería, que es como se subtituló el disco. La espontaneidad de esta banda nacida en los andenes del metro convivió con naturalidad con la nueva ola y compartió escenario con ella en algunos festivales. Escuchando hoy este disco, sigue sonando igual de fresco y novedoso. Lo campestre y lo urbano, el rock y el folk nos contagió, quizá era lo que estábamos esperando desde que empezamos a escuchar música. Y lo descubrimos en Madrid. Final de trayecto.

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