Dolor en el viento: murió Uña Ramos

25/05/2014 - Diariofolk
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El maestro de los instrumentos de viento de los Andes -al igual que su compatriota Atahualpa Yupanqui- perdió la vida en Francia un 23 de mayo. Estaba a punto de cumplir 81 años.
UÑA RAMOS

Mariano Uña Ramos nació el 27 de mayo de 1933 en la provincia argentina de Jujuy, muy cerca de Bolivia, en la Quebrada de Humahuaca. Una tierra donde la quena, la antara, el siku y todos los instrumentos aerófonos andinos palpitan en la música de raíz con un eco ancestral.
Cuentan que con solo cuatro años el pequeño Uña le pidió a su padre que le regalara una quena. Desde entonces la compenetración con el instrumento fue tal, que cada flauta que tocó estuvo hecha por sus propias manos.
Con solo once años, ya estaba enseñando sus habilidades en el conservatorio como un niño prodigio, y muy pronto, quienes admiraban su arte entendieron que, más allá de su técnica como instrumentista y de su habilidad para componer, había un músico con una personalidad y una sensibilidad muy especiales.
En los años sesenta, Ramos se sumó al grupo Los Incas (posteriormente denominado Urubamba) fundado por el argentino Jorge Milchberg, por el que pasarían también Jorge Cumbo y Lucho González entre otros músicos. En el año 1965, Los Incas compartieron escenario en el teatro de l’Est Parisien de la capital francesa con Simon & Garfunkel. Aquella música andina impactó especialmente a Paul Simon que más tarde invitó a los integrantes de Los Incas a participar en la grabación de una versión de “El Cóndor Pasa” -compuesta por Daniel Alomía Robles- con arreglos de Jorge Milchberg y letra de Simon (“If I Could”). Esto supuso un hito en la trayectoria artística de Ramos, el sonido de su quena de pronto comenzó a dar la vuelta al mundo. A comienzos de los setenta, la música andina encontró un reconocimiento nunca visto hasta entonces, fue el gran momento de grupos de diversas características y nacionalidades como Los Calchakis, Los Kjarkas, Quilapayún, Los Jaivas, Inti-Illimani, Illapu y Quilapayún entre otros. También algunos cantautores de América del Sur incorporaron elementos de la música andina en  sus canciones e incluso llegó a fusionarse con el jazz en exitosos discos del saxofonista Gato Barbieri.
Por aquellos años, Uña comenzó a editar los primeros álbumes a su nombre (debuta discográficamente como líder con El Arte De La Quena, en 1971), incluyendo en sus registros sonidos eléctricos e instrumentos en ese entonces casi impensables en el ámbito de la música andina, contando en aquellas sesiones con la complicidad de músicos como el gran percusionista Domingo Cura o el cantautor Roque Narvaja. “Algunos no estaban muy a gusto con eso, decían que no era folklore. Más me criticaban, y más seguía yo adelante, es así hasta ahora”, declaró años mas tarde el jujeño.
Poco a poco, el músico humahuaqueño había comenzado a tener cada vez más oportunidades de trabajar en el exterior y tomó la decisión de radicarse definitivamente en Francia. Desde entonces, vendió millones de discos, especialmente en Europa y en Japón; tocó en los teatros más importantes del mundo y fue invitado como solista por grandes orquestas como la Filarmónica de Berlín y la Filarmónica de Tokio, llevando su instrumento a territorios musicales en los que nunca había estado. A pesar de la distancia, el quenista nunca dejó de mantener un vínculo fluido con la Argentina, colaborando como invitado con diferentes músicos locales. Sin embargo, tuvo que ver con pena cómo en el país que lo vio nacer no le llamaban para dar a conocer su música en directo. Al igual que ocurrió con Yupanqui y con Piazzolla, su obra consiguió un mayor reconocimiento en Europa que en el mercado argentino. “Espero que aquellos que puedan hacer algo –declaró hace unos años– algún día se decidan a permitirme tocar y lo hagan antes de que me vaya”.
Su carácter renovador chocó en sus comienzos con los sectores más conservadores del folclore argentino. Este gran aerofonista declaró que en la música de raíz folclórica también “es necesario hacer lo que Piazzolla hizo con el tango, aunque eso genere discusiones”. Por otra parte, siempre creyó que en sus obras, más allá de los aportes renovadores, “la raíz no se pierde nunca. Podemos evolucionar en el sistema de composición o en los colores de la música, pero lo esencial no cambia”.
Entre sus composiciones más destacadas pueden citarse “Una flauta en la noche”, “Eve”, “Puente de madera”, “Don Pablo” (dedicada a Neruda), “La princesa del mar”, “Mercedes” (un homenaje a Mercedes Sosa) y “Camino de llamas” (que alcanzó gran notoriedad en la versión de León Gieco).
Según informaron allegados a su familia, el compositor, instrumentista y luthier de música andina falleció en París a causa de una enfermedad repentina que apareció en los últimos meses. Ramos se hallaba en plena actividad, dando clases magistrales por toda Europa, componiendo y ofreciendo conciertos.
Al final de su carrera, Uña Ramos pudo ver con alegría cómo sus composiciones habían echado raíces en el Noroeste argentino: “hoy voy a Tilcara o Purmamarca y los chicos están tocando lo que hice treinta o cuarenta años atrás. Esa es mi gran satisfacción como compositor”.
Foto: portada del disco Uña Ramos (Le Chante Du Monde)

Hay 2 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  1. Una pena la muerte y una pena la poca repercusión de la misma en los medios masivos de Argentina, que tanto espacio dan a cosas menos importantes.

     
     
  2. Pingback: Aquellos ojos grises | Quenántropo

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