Ronda en vela vuelve a convertir Robledo de Chavela en una gran fiesta de la música tradicional

04/10/2026 - Carlos Monje
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Varios - 18/09/2026
Festival Ronda en vela, Robledo de Chavela, Madrid
La sexta edición del festival, organizada por Aires Serranos, volvió a reunir durante tres días música, baile, tradición y participación popular en una cita que se ha convertido en una referencia imprescindible del folk madrileño
el nido2 (Copiar)

Durante tres días, Robledo de Chavela volvió a llenarse de música tradicional, baile, encuentros y actividades para todas las edades en una sexta edición que confirma la personalidad que esta cita ha ido construyendo con el paso de los años. Ronda en vela no es un festival para disfrutar unicamente desde la butaca, Ronda en vela es un festival en el que resulta difícil permanecer sentado.

Y es que una de las características que mejor definen a Ronda en vela es la participación de su público. Aquí los espectadores no parecen conformarse con escuchar. En cuanto la música ofrece la oportunidad, salen a bailar, se incorporan a las rondas y convierten las actuaciones en una auténtica celebración colectiva. Se pudo comprobar desde las primeras actividades en la Plaza de España y, de manera muy especial, en Ronda con nosotros, pero también durante las actuaciones de El Nido y Casapalma.

Ese público forma parte de la identidad del festival. Un público que conoce las músicas, que sabe bailar y que está dispuesto a hacerlo cuando encuentra el espacio y la ocasión. La frontera entre escenario y pista se vuelve así especialmente permeable.

Un festival que se vive en la calle

La sexta edición volvió a desplegarse durante tres jornadas, del 18 al 20 de septiembre, con una programación que combinó conciertos, rondas, talleres, actividades infantiles, artesanía, indumentaria tradicional y propuestas participativas.

La Plaza de España volvió a ser uno de los grandes centros de actividad. El pasacalle de los Dulzaineros Sierra de Guadarrama, acompañados por la Asociación de Gigantes y Cabezudos de San Lorenzo de El Escorial, sirvió para poner en marcha el festival y llevar la música a las calles.

Después llegaría Ronda con nosotros, una de las actividades que mejor explican el espíritu de la convocatoria. No se trata simplemente de contemplar una actuación, sino de participar en ella, de compartir repertorios y bailes y de recuperar esa dimensión social que históricamente ha acompañado a buena parte de las músicas tradicionales.

Durante el sábado y el domingo, la plaza mantuvo buena parte de su actividad con el mercado de artesanía, la muestra de trajes tradicionales, los trabajos de las bolilleras de Robledo y diferentes propuestas para el público infantil.

Entre estas últimas volvió a destacar la apuesta por los llamados juegos desenchufados, una propuesta sencilla pero especialmente atractiva en tiempos en los que buena parte del ocio infantil pasa por las pantallas. A ellos se sumó en esta edición Primigenius, con Cocinando cuentos, acercando a los más pequeños el teatro, la narración y la música desde una perspectiva participativa.

Primigenius (Copiar)

La programación demuestra así que el festival no entiende la tradición como un asunto reservado a los aficionados adultos. Los niños tienen su espacio, pero también lo tienen los más mayores, y entre unos y otros se establece una continuidad que resulta fundamental para que las músicas y costumbres populares sigan teniendo futuro.

Al mediodía del sábado fue el turno de La Ronda de los Llanos, llegada desde Albacete para aportar al festival una muestra del rico repertorio tradicional manchego. Jotas, seguidillas, malagueñas y otros aires de la tradición popular manchega llenaron la Plaza de España en una actuación que volvió reunir en un mismo espacio diferentes formas de entender y vivir la música tradicional.

El Nido y Casapalma: cuando el escenario se convierte en pista de baile

El sábado por la noche llegó uno de los momentos más esperados de esta edición con las actuaciones de El Nido y Casapalma.

La elección de ambas propuestas encajaba perfectamente en la filosofía del festival. Son dos formaciones que parten de materiales tradicionales, pero los llevan hacia terrenos contemporáneos sin perder el vínculo con las músicas heredadas.

El Nido aportó su particular manera de entender la fiesta, a partir de un indie pop rock en el que el folclore castellano aparece de forma natural, como ramas que brotan entre sus canciones. Una propuesta que encajó especialmente bien en Ronda en vela, donde escuchar y bailar forman parte de una misma experiencia. Y el público, como era de esperar, respondió desde el primer momento a ese carácter festivo y bailable de su música.

el nido 1 (Copiar)

Después, Casapalma continuó llevando la tradición hacia un lenguaje actual. El proyecto formado por Irene Atienza y Yoel Molina explora repertorios tradicionales, especialmente vinculados a Cantabria, desde una perspectiva abierta a la experimentación y a las nuevas sonoridades.

En ambos conciertos volvió a comprobarse algo que ya forma parte de la personalidad de Ronda en vela: cuando la música invita al baile, el público responde. La pista se convierte entonces en una prolongación natural del escenario y el concierto deja de ser un acto exclusivamente contemplativo.

casapalma (Copiar)

No es un detalle menor. En un momento en el que buena parte de la música tradicional se consume en escenarios, festivales y teatros, recuperar la posibilidad de bailar juntos supone devolver a esas músicas una parte esencial de su sentido original.

El domingo, entre rondas, tradición y comunidad

La actividad continuó el domingo desde la mañana con el mercado y las actividades artesanales, los juegos infantiles y los Micrófonos abiertos. Saltagavias, desde Villanueva de la Vera, puso música a la sesión vermú, manteniendo esa relación tan característica del festival entre música, calle y encuentro.

saltagavias (Copiar)

La jornada tuvo también una dimensión vinculada a la tradición local con la Misa Castellana, acompañada por Aires Serranos, y la actuación posterior del Coro de la Escuela Municipal de Música y Danza de Robledo de Chavela.

Y aquí aparece uno de los elementos fundamentales para entender Ronda en Vela: el festival no se limita a traer artistas de fuera. También quiere mostrar y poner en valor aquello que existe en el propio municipio.

Por eso la actuación de Aires Serranos tiene un significado especial. La asociación organizadora no es únicamente quien hace posible el festival, sino uno de los principales agentes de la cultura tradicional de Robledo durante todo el año.

aires serranos

Aires Serranos, mucho más que tres días de festival

El resultado que vemos durante un fin de semana es solamente la parte visible de un trabajo que se desarrolla durante todo el año.

Aires Serranos sostiene Ronda en vela con un esfuerzo que va mucho más allá de la organización de conciertos. La asociación trabaja durante meses para preparar una programación que pretende atender a públicos diferentes y mantener viva la tradición en su propio entorno.

Ese trabajo explica también que el festival tenga una personalidad tan definida. En la Comunidad de Madrid resulta difícil encontrar otra cita que cuide con tanta atención la amplitud de su cartel sin olvidarse de nadie. Están los grandes nombres de la música de raíz contemporánea, pero también las agrupaciones tradicionales, las rondas, los coros y danzas, los talleres y las propuestas dirigidas a los más pequeños.

Los mayores encuentran su espacio en las actuaciones de la propia Aires Serranos, sus coros y danzas y las diferentes actividades relacionadas con la tradición. Los niños disponen de juegos, cuentos y propuestas específicamente pensadas para ellos. Y entre ambos extremos queda un público muy amplio que puede escuchar conciertos, bailar, participar en talleres o simplemente disfrutar de un fin de semana en torno a la cultura popular.

Es una concepción del festival que merece ser destacada porque no responde a la lógica de programar exclusivamente aquello que está de moda. Hay una voluntad clara de reunir generaciones y sensibilidades diferentes alrededor de una misma cultura musical.

Climent y Ballarín Quinteto: un cierre para escuchar y bailar

La programación musical del domingo tuvo como uno de sus grandes protagonistas a Climent y Ballarín Quinteto.

La formación ofreció un concierto exquisito, construido desde el conocimiento profundo de los repertorios tradicionales y desde una mirada musical contemporánea. El quinteto, formado por José Climent, Pilar López Ballarín, Mario Lobato, Héctor López y Ángel Goyanes, demostró que la investigación y el respeto por la tradición no están reñidos con una interpretación elaborada y llena de matices.

climent y ballarín (Copiar)

Durante la primera parte del concierto el público se mostró algo más tímido a la hora de ocupar la pista. Quizá el carácter de la propuesta invitaba inicialmente más a escuchar que a lanzarse a bailar.

Pero en Ronda en vela esa situación rara vez permanece mucho tiempo. Finalmente, el público bajó a la pista y también bailó. El concierto terminó recuperando esa conexión entre músicos y espectadores que había recorrido todo el festival y que constituye una de sus señas de identidad. El escenario y la pista volvieron a encontrarse.

Una hospitalidad que también forma parte del festival

Otro aspecto que merece destacarse es la manera en que Robledo de Chavela recibe a quienes llegan de fuera.

Durante el fin de semana pasan por el municipio cientos de aficionados procedentes de diferentes puntos de la Comunidad de Madrid y también de otras provincias limítrofes. Muchos conocen ya el festival y regresan cada año; otros llegan por primera vez atraídos por la programación. Y todos encuentran una organización que abre los brazos a los visitantes.

Esa hospitalidad no se limita a facilitar que los conciertos funcionen y que todos ellos sean gratuitos. Se percibe en la relación con el público, en la utilización de los espacios del municipio y en la manera de integrar a los visitantes en una celebración que, aunque organizada desde Robledo, no se vive como algo cerrado a sus vecinos.

Ronda en vela consigue así algo especialmente valioso: que quien llega de fuera no sienta que está simplemente asistiendo a un festival, sino que durante unos días forma parte de él.

Una referencia imprescindible del folk madrileño

Después de seis ediciones, Ronda en vela ha alcanzado una madurez evidente. Su crecimiento no parece responder a una voluntad de convertirse en un festival masivo, sino a algo bastante más interesante: consolidar una comunidad alrededor de la música tradicional.

Su fórmula tiene ingredientes muy concretos: buenos conciertos, tradición local, propuestas contemporáneas, baile, participación, actividades para niños, artesanía, rondas y una organización que trabaja durante todo el año. Pero, sobre todo, tiene una idea clara de lo que quiere ser.

En la Comunidad de Madrid, Ronda en Vela se ha convertido en uno de los festivales que mejor representa la diversidad de la música tradicional y de raíz, precisamente porque su programación no obliga a elegir entre tradición y renovación, entre mayores y pequeños, entre escuchar y bailar o entre lo local y lo que llega de otros territorios. Todo cabe en Robledo de Chavela durante estos tres días.

Y quizá ahí esté la verdadera explicación del éxito del festival. No se trata únicamente de llevar buenos músicos a un escenario, sino de crear las condiciones para que la música vuelva a cumplir la función social de reunir a las personas.

En la Plaza de España, en las rondas, en los talleres, en los conciertos nocturnos o en la pista de baile, Ronda en Vela ha vuelto a demostrar que la tradición está mucho más viva cuando se comparte. Y en Robledo de Chavela saben hacerlo.

 

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