Miguel Poveda. Concierto 25 aniversario

25/06/2013 - Alberto Quesada
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Miguel Poveda - 21/06/2013
Plaza de Toros de las Ventas
Miguel Poveda, incuestionable ya como primera figura del cante flamenco y convertido además en un fenómeno de masas gracias a su incursión en el mundo de la copla, superó con matrícula de honor el enorme reto de celebrar su 25º aniversario con la música en la plaza de toros de las Ventas.
Miguel Poveda. Foto: Sergio Zeni

No resulta sencillo presentarse frente a siete mil personas sin un repertorio concebido para un público amplio, y sin un montaje y una puesta en escena de cierta entidad. Esto es algo que sin duda tuvieron claro Miguel y su equipo a la hora de concebir su concierto de las Ventas, y acertaron en casi todo: un repertorio equilibrado, una puesta en escena más que correcta, excelentes proyecciones introductorias… solo sobraron las interminables presentaciones que Miguel hizo de sus invitados y de parte del repertorio.
Comencemos por hablar de flamenco, la música que Miguel mejor conoce y en la que realmente marca la diferencia. Su repertorio flamenco en la noche de las Ventas fue un concierto en sí mismo, un concierto dentro del concierto. Poveda interpretó del orden de diez o doce estilos flamencos, durante hora y media larga, con un nivel de calidad e intensidad que está al alcance de muy pocos hoy en día.
Si la minera inicial ya fue soberbia, superior a la versión de estudio registrada en Artesano, las alegrías enlazadas con bulerías de Cádiz fueron también espléndidas, revestidas además de ese sabor localista tan exclusivo a priori de los cantaores gaditanos.
Entre los tercios de la soleá apolá, Miguel hizo un paréntesis para representar su particular homenaje a maestros clásicos del cante de distintas escuelas, emulando no solo sus formas cantaoras sino también sus inconfundibles gestos, y caracterizándose sobre la marcha con diferentes sombreros y accesorios.
En malagueñas y cantes abandolaos dejó su sello habitual, con un equilibrio perfecto entre matices e intensidad. La interpretación conjunta de La luz que a mí me alumbraba, junto a Carmen Linares, fue conmovedora. Los tientos y tangos, concluyendo en fiesta flamenca a compás de tangos de Triana, fueron magníficos también.
Si tuviésemos que elegir un cante nos quedaríamos seguramente con sus seguiriyas, breves pero inconmensurables, con la valentía además que supone abordar un estilo tan arduo frente a un público que en muchos casos no había acudido tanto a escuchar al Miguel Poveda cantaor sino más bien al cantante.
Cerró la parte estrictamente flamenca con una magnífica tanda de bulerías de Jerez, en la que Miguel cedió parte del protagonismo al cantaor El Londro.
Pero el concierto de las Ventas no fue solo flamenco. La larguísima noche de Miguel sirvió también para repasar su recorrido musical por otros géneros. Desde composiciones actuales sobre textos de distintos poetas cultos y populares hasta el inevitable recuerdo de su exitosa interpretación de la copla, sin olvidar el fado, el tango argentino y el bolero.
Entre el repertorio no flamenco, nos quedamos sin duda con la entrañable versión de Fina estampa junto a María Dolores Pradera. La cantante, apartada desde hace dos años de los escenarios por su avanzada edad y su delicado estado de salud, sorprendió con su voz bellísima, íntegra y de una entonación y vocalización perfectas. El que tuvo retuvo, y a María Dolores Pradera además de cualidades musicales le sigue sobrando ese saber estar que no se improvisa, incluso para afrontar situaciones a las que ya no está tan acostumbrada: “en los últimos años a estas horas ya solo me llevan a urgencias”. Sin duda el momento más emotivo de la noche.
Tampoco debemos olvidar uno de los primeros temas del concierto, Dejadme llorar a mares. Sin duda una de las piezas más acertadas de la obra de Enric Palomar sobre textos de Alberti que Miguel interpretó hace años, y de la que hizo también una acertadísima versión en las Ventas.
También hubo tiempo para recordar su Cataluña natal, acompañado por Serrat e interpretando El meu carrer en catalán. El recuerdo a Chavela Vargas fue otro de los muchos momentos álgidos de la noche, con Miguel haciendo una de las mejores versiones de Ojalá que te vaya bonito que hemos podido escuchar.
Y finalmente, la copla. Esa copla que Miguel interpreta desde el corazón, pero que no siempre nos entusiasma y que a veces incluso, comienza a saturarnos. Si Poveda sigue apostando por la copla en el futuro, creemos firmemente que su enfoque del género merece una reflexión por su parte. Tal vez debería pensar en un planteamiento más austero, tanto en su propia forma de interpretar (nos referimos tanto a la voz como al lenguaje corporal) como respecto al acompañamiento.
Quizá ha llegado el momento de simplificar el planteamiento orquestal (musicalmente impecable, que no se nos malinterprete) del que actualmente se acompaña en su repertorio de coplas, evolucionando hacia algún formato más sencillo que ponga en valor su voz cantaor e introduzca también un cariz más sobrio al espectáculo. Un buen trío de corte jazzístico o flamenco sería sin duda una muy buena opción.
Miguel se despidió con una versión de la Leyenda del tiempo de Camarón y un largo bis en el que, en lugar del tema de Gil de Biedma previsto, optó por satisfacer las peticiones del público interpretando Alfileres de colores y Tres puñales, atreviéndose incluso a concluir cantando sin megafonía a cielo abierto. Tras casi cuatro horas de derroche de calidad y generosidad con el público, Miguel dejó el listón francamente alto.

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