Magistral, musical Benito Lertxundi

11/03/2017 - Álvaro Feito
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Benito Lertxundi - 4/03/2017
Pabellón deportivo multiusos, Urrugne (Lapurdi)
A sus 76 años, el gran cantante vasco, acompañado por un excelente grupo de nueve músicos, demuestra estar en plena forma artística. Quizás como nunca antes.
Benito lertxundi (Copiar)

El pasado año, el Bardo de Orio, Benito Lertxundi, celebró sus 50 años de vida profesional. Lo conmemoró como mejor sabe hacerlo: cantando a su gente, en sus pueblos y ciudades, componiendo nuevas canciones que añadir a su ya increíble repertorio (en cantidad y en calidad).

Una última (por el momento) extensión de esa amplia gira llegó hace pocas fechas a la pequeña, bucólica, inalterable localidad de Urruña, en la hermosísima provincia de Lapurdi (o Labourd) perteneciente oficialmente al Estado francés. Ni mugas (“fronteras”), ni líneas divisorias convencionales o “históricas” pueden esconder la verdad absoluta: esto es Iparralde, Euskal Herria, del norte o del sur, el País Vasco; es el país de los vascos, su propia historia, su propia lengua, su propia cultura, su propio destino. Así lo sienten y lo entienden sus orgullosos habitantes desde tiempos inmemoriales.

Este País, este pueblo, alberga en su seno un cantante, un autor, un intérprete de insospechada calidad, que sabe captar e interpretar el sentido y la sensibilidad de dónde surge. Es, no hay que subrayarlo más veces, Benito Lertxundi (Orio, Gipuzkoa, 1941)

Acompañado y arropado por una gran banda de nueve integrantes, un grupo de una amplia bondad musical, cercana a la austera perfección en lo individual y en lo colectivo, Benito Lertxundi ofreció uno de esos recitales suyos, extensos, rotundos, repletos de momentos mágicos. Con sus 76 años recién cumplidos y bien llevados, Benito mostró una imagen física envidiable y una cualidad vocal muy por encima de la media general y de aquella de sus compañeros de generación:  el recién desaparecido Leonard Cohen, el no menos añorado Pete Seeger, el legendario Bob Dylan actual de tesitura vocal quebradiza y a veces agonizante.

Una breve introducción de arpa céltica a cargo de Olatz Zugasti, nos lleva a una tanda de canciones, antiguas o no tanto, de Benito Lertxundi y la Banda: Gu bizi bezainbat, Nintzenaz oroitzean, Laket dut. Se establecen, ya desde el comienzo, las coordenadas estéticas y comunicativas de este recital: una atmósfera envolvente, casi onírica, una sensación de lírica placidez, un enamoramiento del músico y de sus music@s. Empezamos a tocar el cielo.

Una pieza instrumental del notable guitarrista acústico, bouzoukista, mandolinista, percusionista Angel Unzu (el equivalente al Javier Mas que acompañó tanto tiempo a Leonard “Susanne” Cohen), da paso a una de las canciones más trascendentes y carismáticas del repertorio lertxundiano: Udazken koloretan, un prodigio de arte folk.

Nos introducimos, tras el interludio que supone Suaren bila, en la larga sección del concierto que nos va a sumergir en las composiciones más recientes de Benito, aún no grabadas, y que formarán parte de su próximo disco.

Belar nerabean, Ospakizun gauean, Ibertzean, Lehen hazia son los cuatro primeros. Músicas creadas por Benito sobre textos propios, o sobre poemas del místico poeta portugués Fernando Pessoa o del argentino Jorge Bucay.

Inmediatamente, una resplandeciente gema de inspiración humanista. Una de las canciones más preclaras creadas al servicio del ideal que supone la Paz, así con mayúsculas, una Paz auténtica y duradera, casi religiosa, profunda, basada en la justicia y en la igualdad: Deep peace, del norteamericano “new age” Bill Douglas.

Otro intermedio instrumental, Arratia, da paso, a otra de las canciones más queridas del acervo de Lertxundi: Baldorba, un homenaje, en forma tradicional de jota, a los valles de la Navarra añorada, a las iglesias románicas de ese entorno, a esa forma de música tradicional. Un tema donde el cantante se siente a gusto, con sus posibilidades de canto redondo, que permite un verdadero “tour de force” interpretativo.

Otra pieza instrumental solista a cargo de Angel Unzu (“Recreo negro”), da el relevo a otra tanda de cuatro canciones inéditas : Nahiago nuke, Otzandu herrian, Isil isilik, Kimu bat zuhaitzan, así como a una composición dedicada e inspirada en la visión de la marisma y la bahía de Txingudi, ese espacio marino mistérico situado entre Hondarribia y Hendaya.

Y llega, cómo no, el siempre presente tributo a la figura admirable del bardo ciego irlandés Tourlough O’Carolan (1670-1738), contemporáneo del sublime compositor barroco Juan Sebastián Bach. Un tema preciosista de ambiente rural y gaélico (defensa subliminal de un idioma en trance de extinción) que Benito mantiene en sus recitales, desde hace muchos años, de forma inexcusable. Por algo será.

Esa piececita de orfebrería sonora se complementa con Auritz, en la misma o parecida senda.  Después, Nigarra begian, pasa el testigo al instrumental Erraondo, que Lertxundi aprovecha para presentar a sus colegas músicos. Uno a uno, van desfilando los nombres propios de los entregados  instrumentistas.

Ez du munduak bakerik, del futuro nuevo disco (y ¡qué buen disco va a ser, a tenor de lo oído!), da pie para lo que se intuye, a priori, serán las dos últimas aportaciones al festival. Son dos JOYAS  de la historia del Bardo de Orio : Oi ama Euskalerri, ese canto de amor al paisaje y al paisanaje, tema de palpitante emoción, y Jaun Barnak, otra que tal baila. Pura esencia, puro Lertxundi.

El líder de la banda y todo el grupo se levantan entonces de sus sillas, se dirigen al borde del escenario, saludan profusamente al personal, y se reúnen abrazados, como suele hacerse al finalizar un espectáculo. Se van, se van…pero el público no les deja, quieren más y más.

Llevamos a estas alturas casi dos horas de recital. De manera sutil y verdaderamente democrática, el cantante propone acabar o continuar. El respetable lo tiene claro. El artista, entonces, también. Pero todo el mundo esperaría entonces, como mucho, dos, tres, quizás cuatro “bises”.

Ya, ya… Nos espera otra hora larga de espectáculo. La majestuosa Mirotzak introduce otro estreno, y con historia detrás. Bizirik Gaudelako es una partitura del notable músico y escritor  irlandés Brendan Graham, de quien Olatz Zugasti incluye otras dos composiciones en su más reciente, quinto álbum en solitario, “Ur goiena, ur barrena…

Pues bien, sobre esa partitura, Olatz ha diseñado un poema que significa un reconocimiento hacia los iniciadores de las ikastolas (escuelas públicas en euskera). En este caso, es la propia ikastola de Orio, quien entona una canción de amor al pueblo que la creó. Sobran más comentarios… Se puede encontrar en un disco anterior de Zugasti, “Gau hotzenean ere“. En la pieza, es la voz rica y llena de matices de Intza Unanue quien toma la parte más destacada o solista. Olatz, en las precisas armonías vocales de acompañamiento.

Ahora sí, ahora se aproxima el fin del viaje hacia el firmamento metafísico o hacia el Olimpo terrenal (según gustos). Iluna denerako y Zenbat gera son otros destellos de ese rosario de cuentas que es el muy extenso cancionero de Benito. 51 años recorriendo Euskal Herria, cantando aquí y allá (más aquí que allá: esa sería una asignatura pendiente del artista, si es que ello le preocupase lo más mínimo, que va a ser que no).

Porque Lertxundi, a pesar de poseer una especie de reputación mucho más allá de nuestras fronteras, apenas se ha prodigado fuera del terruño. “Soy un cantante pueblerino, del caserío”, suele decir. A vuela pluma, y que yo recuerde, Benito ha aparecido en bastantes ocasiones en Madrid, Barcelona, Pamplona (por supuesto), en las islas Canarias, en Córdoba…. Creo que anduvo por la Bretaña francesa allá por los primeros años de su andadura. Y muchas salidas más, supongo, que ignoro y desconozco.

Poco bagaje estatal e internacional para alguien de la talla de BL. Pero, en definitiva, ¿esto es tan importante? Ante audiencias de 300 personas (como en Urruña), de 500 o 600 (en Tolosa, Getxo, Santurtzi, Iruña o tantas otras localidades del País), de miles de fieles en el Euskalduna de Bilbao, en el Kursaal o en el teatro Victoria Eugenia de Donostia, lo perdurable, lo reseñable es la constante entrega del músico a su público, la interacción entre ambos, hace 10, 20, 30, 40 años, o ahora mismo.

Siempre perfeccionista, siempre insatisfecho en lo profesional (en Urruña se quejaba Benito de que no controlaba los monitores de sonido, de que había pequeños fallos en el escenario, datos perfectamente imperceptibles para el público) el autor de “Baladas de las palabras calladas de la noche” (1985) y otra docena larga de discos, aunque no esté de moda en las pasarelas frívolas y pasajeras de la cambiante realidad, sigue impertérrito construyendo un opus y un status cantautoril que superará, sin duda, el paso del tiempo.

Su “pequeño” concierto del otro día demostró que la musicalidad de Benito y su banda sigue creciendo día a día. Arreglos más melodiosos, más cuidados, incluso a veces pelín sofisticados, perfecto sonido, todo ello acompañando la tesitura vocal, los muchos matices y timbres de su penetrante y vigorosa voz (todavía en plena forma), hacen que nos encontremos ante un  magistral, más musical que nunca Benito Lertxundi.

Intérpretes: Benito Lertxundi (voz, guitarra), Juantxo Zeberio (piano, sintetizador), Amaiur Cejaraville (bajo eléctrico), David Gorospe (batería), Angel Unzu (guitarra, bouzouki, percusiones), Gurutz Bikuña (guitarra eléctrica), Xabier Zeberio (violín, nickelharpa), Pello Ramírez (acordeón, violoncello), Intza Unanue (voz), Olatz Zugasti (voz, arpa, teclados).

NOTA FINAL

En la hora del éxito actual, un sobrio, contenido, nada triunfalista éxito de Benito Lertxundi, cabe también recordar algunos de los músicos que contribuyeron a crear la discografía y la presencia escénica del oriotarra a lo largo de los años (perdón por las omisiones que seguro habrá). Personas como Marian Arregui, Ramón Beraza, Humberto Astibia, Fernando Ederra, Pello Ramírez, Kutxo Otxoa de Eribe, José Maria Irastorza, Pello Gereño, Oihana Alkorta, Pello Irizar, Luis Camino, Martin Irizar , Jokin Melara, Eduardo Salvador, Beñat Amorena, Felipe Temes, Francisco Marco, Jean Mari Ecay, Joxe Mari Mujika, Igor Telletxea, Mikel Artieda, Mikel F. Krutzaga, Imanol Urkizu, el inefable pianista italiano Antonio Breschi y la jovencísima continuadora de la saga, Gratxina Lertxundi.

Y también a los productores, ingenieros de grabación y sonido, coordinadores generales, promotores y auxiliares diversos. Sin orden de importancia y mucho menos de jerarquía, gentes como Anjel Valdés, Jean Phocas, Estibaliz Esteibar, Mikel Fernández, Carmelo Bilbao, Oihana Otaegui, Luis Antonio Escobedo, Félix Igartúa, Gonzalo Martínez Azumendi, Sergio Cruzado, Christopohe Laskarain “Kittu”, Rafael Labandibar, Josebe Ormazuri y los verdaderos impulsores/defensores de la primerísima época, José Angel Irigaray, Juan Antonio Urbeltz, José de la Fuente y el tristemente desaparecido Joxe Mari Goitxoekea (in memoriam).

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benito libroALVARO FEITO, colaborador habitual de Diariofolk.com, es autor del libro Benito Lertxundi, el bardo de Orio (Confesiones y testimonios). Edición castellana en Ediciones La Voz del Folk, Madrid, abril 2005, actualmente agotada y no reeditada. 247 páginas. Producido por José de la Fuente. Copyright, el autor, Elkarlanean y Acsiar. Diseño de cubierta y de la edición: Unai Molina. Con fotografías en blanco y negro y en color.

Existe (existía) versión gran formato en euskera: “Benito Lertxundi, Orioko Bardoa. Aitorpen eta testigantzak”. Traducción: Mikel Markez. Copyright, el autor, Elkarlanean y Acsiar. Coordinador de la edición: José de la Fuente. Madrid, 2006. 470 páginas, con profusión igualmente de fotografías en blanco y negro y grabados e ilustraciones a todo color. ¿Inencontrable hoy día en centros culturales, bibliotecas y librerías…?

 

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