Destellos desde el ocaso

11/08/2014 - Juan Ramos
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Freddy Cole - 06-08-2014
Jamboree Jazz, Barcelona.
El octogenario vocalista y pianista Freddy Cole exprimió su larga sabiduría para poner en pie un muy buen concierto a pesar de su deteriorado estado físico.
Freddy Cole

Foto: Freddy Cole por Joan Carles Abelenda
Condenado de por vida a las inevitables comparaciones con su hermano Nat “King” Cole (a las que, desde hace años, responde cantando “I’m Not My Brother, I’m Me”), el viejo Freddy continúa desparramando su buen hacer por los escenarios de medio mundo. Su voz gastada y sus manos perjudicadas por una larga artritis van mermando sus facultades, pero él parece haber estado aprendiendo durante toda la vida para tirar de oficio a estas alturas de su carrera y, mediante hábiles fraseos, saber lidiar con las limitaciones que le impone su físico.
Los músicos que le acompañaron en el Jamboree llevan años trabajando a su lado y eso también pesa a su favor. Al joven guitarrista y arreglista Randy Napoleon, le tocaba salir a brillar con sus solos impecables e impregnados de clasicismo cada vez que la voz del líder callaba, y el entendimiento entre ambos fue ejemplar. Junto a ellos, el contrabajo de Elias Bailey y la batería del contundente y experimentado Curtis Boyd redondearon un trabajo sin fisuras.
Después de más de sesenta años de trayectoria artística, Freddy Cole pudo presentarse por fin en Barcelona, y el ambiente del Jamboree resultó ideal para disfrutar de páginas como “I Saw Stars”, “Tender Is A Night”, “Mister, You’ve Gone and Got the Blues”, “Jelly, Jelly” o “Nothin’s Wrong With Nothin’”.
El piano de Cole nunca fue un ejemplo de virtuosismo, pero su buen gusto en cada frase es incontestable. Se nota que siempre admiró la elegancia de John Lewis por encima de cualquier pianista. En el aspecto vocal, recordó su deuda con Billy Eckstine interpretando algunos temas de su repertorio, y la influencia de su hermano Nat se hizo evidente una vez más (aunque no de un modo tan marcado como lo fue para Ike,el otro cantante de la familia), destacando especialmente su recorrido por el blues y las baladas.
Las inflexiones coloquiales de Cole hicieron que cada verso sonara creíble y cercano hasta la última nota del concierto, cuando llegó su “Time To Say Goodbye”.

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