Sala Galileo Galilei

Todas las fotos son de Ferdi Pérez
El inicio, íntimo y poderoso, llegó con las tres voces a capella, para continuar con unos cantos de trabajo valencianos y mallorquines que no forman parte del álbum pero que dejaron clara la raíz de su propuesta. Uno de los momentos más emotivos fue la interpretación de De vino seco, canto tradicional de San Boal (Segovia) recogido por Agapito Marazuela, a la que el grupo añadió nuevas estrofas que dialogaban con el legado del maestro segoviano.
Tría tiene la virtud de desnudar la canción tradicional hasta su esencia y volver a vestirla con sencillez gracias al violín, la guitarra y las percusiones, generando un espacio donde lo ancestral y lo contemporáneo se dan la mano. Así sucedió en piezas como De Miraflores a Canencia, acompañada por la danza de Lucía López y Quique Arias, que aportaron plasticidad y fuerza escénica al sonido. También hubo coplas sudamericanas cantadas entre el público como el instante mágico con No te eleves, canto popular venezolano convertido por el trío en un delicado tejido polifónico.
La nómina de invitados se fue ampliando a lo largo del concierto. En Acariciar los cristales comenzaron a subir colaboradores, y en Quitarse los ruedines, con letra de Sergio Martínez y acompañada de charango, se alcanzó uno de los picos emocionales de la mañana. No faltó la complicidad de Javier Collado, compañero de los componentes de Tría en el grupo Collado, con quien interpretaron varias piezas de su repertorio, entre ellas el vibrante charro Ronda si sales que llenó la sala de parejas danzando.
El viaje también pasó por Canarias, con un hermoso canto de arar de El Hierro titulado Güeyero, y por el repertorio más personal del disco, donde brilló especialmente Mariposas en marea, una de las joyas del álbum debut. La música se enriqueció además con el contrabajo de Alberto Román en Trileros y otros temas, sumando cuerpo y profundidad al sonido.
En el tramo final, los invitados se multiplicaron: Marcos Coll, Sheila Blanco, Quique Arias, Lucía López, Anika y Javier Collado, entre otros, dieron forma a una auténtica celebración colectiva de la música popular transformada. Con el público en pie, los bises cerraron la jornada con un canto de trilla onubense del repertorio de Ángela Furquet y, finalmente, una copla de ronda a capella, que puso el broche perfecto a un concierto que se vivió más como un ritual compartido que como una mera presentación discográfica.
Con este debut, Tría confirma que su propuesta de “música de autor, raíz, contemporánea y analógica” tiene hondura, frescura y una vocación de diálogo entre tradición y creación propia. Y la Galileo, en su adiós temporal, se despidió con un concierto que quedará en la memoria de los presentes como un canto de comunidad y belleza.


