Alejandro del Prado. La vigencia de un cantautor que viene de otro siglo

28/03/2016 - Fernando Marinelli
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Alejandro Del Prado - 13-03-2016
Café Vinilo. Buenos Aires
Dueño de un estilo muy personal, el cantante, compositor y guitarrista ha logrado generar una canción urbana de rasgos únicos y originales, combinando elementos del folk, el tango, el rock, la murga y la obra de grandes poetas. Su última presentación en Buenos Aires lo confirmó como un hacedor de canciones inspirado, tanguero y rockero, acústico y urbano. Pero sobre todo porteño y legítimo.
Alejandro Del Prado

Apenas un puñado de discos en su haber, una personalidad algo esquiva y enigmática y presentaciones esporádicas en reductos de ambiente intimista le han bastado al argentino Alejandro del Prado para convertirse en un cantautor de culto. Claro que esos pocos discos, hay que aclararlo, condensan una larga trayectoria y en ellos figuran algunas de las canciones que conforman la banda de sonido de al menos un par de generaciones de argentinos, como Los locos de Buenos Aires, esa balada que describió tan nítidamente una época de efervescencia creativa. O La Murguita de Villa Real, donde del Prado hizo punta en revalorizar la murga, género barrial y popular tantas veces despreciado y hasta silenciado por la última dictadura cívico-militar argentina, cuando borró por decreto la celebración del Carnaval del calendario, pero del que hoy se nutren muchas bandas de rock.

Mucho más fieles que numerosos, los seguidores de del Prado manejan también otros datos que apuntalan la inquebrantable devoción por su figura: los trabajos del músico sobre poemas del enorme Raúl González Tuñón y de Jorge Boccanera, una canción grabada a dúo con Silvio Rodríguez y sus años compartiendo música y amistad con un prócer de la canción rioplatense, Alfredo Zitarrosa, de quien justo en esos días se celebraban los 80 años de su nacimiento con un megaconcierto en el Estadio Centenario de Montevideo, y al que del Prado dedicaría más avanzada la noche el que probablemente sea el mejor retrato del artista uruguayo: Zitarroseando.

Con semejantes antecedentes, era de esperar que todo saliera bien. Y así fue: el concierto en Vinilo no defraudó a sus fans y ratificó al cantautor en el lugar que ocupa en sus corazones. El primer verso de la canción inicial ya dejó entrever de qué iba el show: “La noche es un montón de celulares apagados…”. Un anticipo de la poesía que sobrevolaría la velada. Poesía que, a continuación, supo encontrar inspiración en esa condición climática de la que tanto se quejan los porteños para transformarla en una canción de amor: Con este porcentaje de humedad.

Alejandro del Prado se encuentra justo en ese punto impreciso donde el tango y el rock se tocan, y donde confluyen además la murga, el candombe, la milonga y hasta alguna zamba. De su origen rockero le viene la actitud descontracturada, su voz gruesa de pregonero, esa recurrencia a los tarareos y a estirar la última sílaba de los versos. Del tango, cierto humor irónico, los términos del lunfardo y, sobre todo, esa melancolía, esa nostalgia por el barrio de la infancia. A todo eso debe sumarse una enorme capacidad de observación del entorno y los tipos humanos que lo rodean, cualidad que seguramente heredó de su padre, el caricaturista Calé, autor de las inolvidables crónicas Buenos Aires en camiseta. De esta capacidad de observación da cuenta plenamente, por tomar un ejemplo, Hijo de un puerto, una excelente descripción del habitante de Buenos Aires que podría calzarle a cualquiera que viva en una ciudad portuaria. Que es al mismo tiempo uno de sus temas más tangueros, junto a Tango se te nota tango y Con 2 X y 1 tango, que pinta magníficamente el desconcierto, la nostalgia y cierta resignación de alguien que “viene de otro siglo”, como lo anuncia precisamente el título de su último disco, Yo vengo de otro siglo, editado en 2008, después de casi veinte años de silencio. O veintitrés, para ser exactos, si contamos los años que le llevó grabarlo.

De ese CD provino la mayor parte de las canciones del concierto, incluyendo la ya nombrada Zitarroseando, Para que los gorriones vuelvan y la muy solicitada Las virtudes del petardo. A ellas se sumaron clásicos y canciones menos conocidas de otras épocas, como El eslabón perdido; Dejo constancia; la siempre celebrada La murguita de Villa Real –su barrio de infancia–; el nostálgico Tanguito de Almendra; ese inoxidable himno a la bohemia porteña que es Los locos de Buenos Aires, entre otras. Y entremezcladas con desparpajo entre todas ellas, como en una murga de carnaval, Salud a la cofradía (con poesía de González Tuñón y coros a cargo del público); San Cayetano; y hasta una milonga “rea”, una zamba de Zitarrosa, el tango Vieja viola y, en el último de varios bises, Con los coros del lugar.

En algún momento, este trovador urbano marcado por The Beatles en su adolescencia, que aún sigue escuchando a Jimmy Page y a Jimi Hendrix, que vivió dos años en México y casi tres en Madrid (donde llegó a trabajar como albañil y labriego) quizás vuelva a pisar un escenario. Y será, seguramente, cuando a él se le ocurra. Para entonces, este loco de Buenos Aires que viene de otro siglo seguirá, como dice su canción más emblemática, “llenando de sol la noche / con su fuerza, con su arte (…) con su fe y su fantasía”.

Alejandro Del Prado, guitarra y voz
Luciano Pallaro Battagliese, bajo y guitarra
Nacho Piana, batería y percusión

Fotografía: Alejandro Del Prado por Fernando Marinelli

 

 

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