
Bask
DND 2025
Con más de dos décadas de trayectoria, Xabi Aburruzaga se ha consolidado como una de las figuras esenciales de la trikitixa contemporánea. Músico, compositor, productor y pedagogo, el trikitilari de Portugalete ha desarrollado una carrera marcada por el respeto profundo a la tradición vasca y, al mismo tiempo, por una inquietud constante por abrirla a nuevos lenguajes, contextos y geografías. Desde sus primeros trabajos hasta proyectos como Keltik, Bost o el directo Aurrez aurre, Aburruzaga ha demostrado que la música de raíz puede ser un espacio fértil para el diálogo, la emoción y la reflexión colectiva.
En Bask, su séptimo trabajo de estudio, Xabi Aburruzaga da un paso más en ese camino de madurez artística. No se trata de un disco de afirmación identitaria ni de un ejercicio de fusión entendido como suma de estilos, sino de una obra que reflexiona sobre la tradición como un proceso vivo. Aquí, la música de raíz se reivindica desde la experiencia, el oficio y la escucha atenta del mundo. Aburruzaga parte de su herencia vasca para transformarla en un lenguaje abierto, capaz de ser reconocido y compartido por oyentes de muy distintas procedencias culturales.
El eje de todo el álbum es la trikitixa, entendida no solo como instrumento, sino como centro emocional del discurso. Aburruzaga la maneja con una naturalidad que rehúye el exhibicionismo técnico y prioriza la expresividad. A lo largo de las trece piezas de Bask, la tradición se convierte en contemporaneidad sin necesidad de forzar el discurso, y lo local adquiere una dimensión universal gracias a una escritura musical clara, honesta y profundamente comunicativa.
Esa amplitud de mirada se refleja en el repertorio. La dimensión humana y comprometida aflora en Betiko bihotzean, una canción dedicada a Palestina que evita el subrayado retórico y opta por un tono contenido y profundamente emotivo. Frente a ella, Lore hostoak se sitúa en un plano íntimo y poético, evocando la memoria de quienes nos precedieron a través de la metáfora de las hojas de un mismo árbol, un canto delicado al ciclo de la vida y a la continuidad generacional.
El diálogo con otras tradiciones es constante y orgánico. Connecting Reel muestra la familiaridad de Aburruzaga con el universo irlandés, reforzado por la presencia de alboka y tin whistle, mientras que Entzun zeure bihotzari, junto a Xabier Díaz y las voces de Aduferiras de Salitre, tiende un sólido puente atlántico entre Galicia y Euskal Herria. En Porrusamba, la porrusalda vasca se deja contagiar por el pulso brasileño con humor y frescura, demostrando que el mestizaje puede ser también lúdico y ligero sin perder identidad.
Uno de los momentos más reveladores del disco es Piazzolari, homenaje explícito a Astor Piazzolla. Lejos de la cita superficial, Aburruzaga asume el legado del compositor argentino desde una comprensión profunda de su espíritu renovador, estableciendo un paralelismo implícito entre el tango nuevo y los procesos de transformación vividos en la música tradicional vasca.
El álbum se cierra con Doinu bat bakerako, una pieza de gran delicadeza que funciona como epílogo ético y emocional. Concebida como una “melodía por la paz”, es un canto sobrio y sincero frente al horror de la guerra, que apela a la dignidad y a la empatía sin recurrir al dramatismo.
En el plano interpretativo, Bask destaca por su coherencia y equilibrio. El cuarteto habitual de Aburruzaga —con Eriz Pérez, Jon Cañaveras, Iñigo Olazabal y Rubén Isasi— aporta solidez y continuidad, mientras que las colaboraciones enriquecen el discurso.
Bask es una pausa consciente en el camino de Xabi Aburruzaga: un disco que mira atrás sin nostalgia y avanza sin estridencias. Partiendo de una tradición viva y vibrante, el trikitilari vasco construye un espacio común donde la música se convierte en puente, en lugar de encuentro y en celebración compartida.

